Crítica de Cine

Raya y el último dragón

Raya y el último dragón empieza con una voz en off autoconsciente que les habla a los espectadores. Visualmente impactante, el comienzo muestra la calidad técnica del film y al mismo tiempo sus serias limitaciones para ser una obra en serio. Toda la película será un ida y vuelta entre un despliegue técnico descomunal y un distanciamiento absoluto cercano al cinismo. El cine de animación de Disney llevado a su punto menos humano y a la vez más técnico.

Nos explican que el mundo de Kumandra, humanos y dragones vivieron juntos en perfecta armonía. Pero cuando unas fuerzas del mal amenazaron el territorio, los dragones se sacrificaron para salvar a la humanidad. 500 años después, esas mismas fuerzas malignas regresaron y Raya, una niña devenida luego en joven guerrera, tendrá que encontrar al último dragón para reconstruir un mundo destruido y volver a unir Kumandra.

Con una historia muy parecida a Trolls World Tour (2020) pero sin sentido verdadero del humor, la película es una máquina pensada al milímetro donde si un espectador logra mirar atentamente, verá todos los trucos de manual que la pueblan. El chiste adecuado, el personaje secundario, el aprendizaje correcto, la escena de acción, la frase que resume la bajada de línea del film, la emoción para que salgan lágrimas pavlovianas de los espectadores y el último momento de falso suspenso antes del cierro con música alta y luces por todos lados.

Repito: Trolls World Tour era más breve, más simpática y se veía mucho más sincera en su discurso. Raya y el último dragón parece una creación de Don Draper, el protagonista de Mad Men. Es eficaz, prolija, impactante y tiene momentos correctamente plagiados de Lara Croft e Indiana Jones. Posee los ingredientes adecuados de ideología política reinante y las voces de los personajes supuestamente orientales las hacen actores de razas orientales, aunque lo que se escucha es mayormente el mismo acento neutral de todos los films de Disney. La canción es fea, pero no es para eso que la incluyen. El dragón es dragona y es demasiado cómica. No hay romance para esta guerrera que no es princesa, aunque es la elegida, como todo protagonista que se precie. Si mañana cambian los vientos, también lo hará Disney. Mientras tanto, la maquinaría sigue sacando productos cada vez más lejos de tener una identidad o un estilo propios.

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