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Racing no pudo sostener el triunfo ante Estudiantes y el Cilindro estalló de bronca

Racing no pudo sostener el triunfo ante Estudiantes y el Cilindro estalló de bronca

De la felicidad por el regreso a casa después de la eterna cuarentena de la tribuna y ese entusiasmo por el triunfo que se había gestado en el amanecer del segundo tiempo a la bronca. A una declaración de guerra que se expresa en Diego Milito, el manager que decidió renunciar por su serias diferencias con el presidente Víctor Blanco. Hay malestar genuino, claro. También, un condimento político. En cualquier caso, Racing sigue navegando en aguas turbias. Antes con Juan Antonio Pizzi, ahora con Claudio Ubeda. Terminó apretado, pidiendo la hora ante Estudiantes y con el público al grito destituyente.

Estudiantes debió terminar en ventaja en la primera etapa y cuando parecía doblegado, la mano sabia de Ricardo Zielinski movió el banco con gran acierto. Leonardo Godoy marcó el empate, pero la jugada fue armada por Leandro Díaz, Francisco Apaolaza y Franco Zapiola, los tres ingresados en el complemento. Y casi lo gana en el final, cuando la Academia ya era un desconcierto sobre el césped y pura furia en el cemento.

Racing podrá rescatar el entusiasmo de los pibes, Gastón Viera (19) y Carlos Alcaraz (18), la presencia de Nery Domínguez en su posición natural, la de volante central acompañando a Aníbal Moreno, y el talento y sacrificio de Lisandro López. Los cuatro terminaron reemplazados. El cambio del capitán obedeció a razones físicas. El resto genera una gran incógnita. También, una certeza. Sus salidas terminaron por desarmar un equipo que corrió, metió, pero acabó sin un patrón de juego.

El Pincha empató sobre el final y el Cilindro estalló contra la dirigencia

Racing ganaba con gol de Moreno y justificaba la victoria pero empató el pibe Godoy y Estudiantes casi se lo lleva al final.


En la teoría Ubeda, la idea era tener la pelota, armar a partir de Nery Domínguez como pase neurálgico, Lisandro de eje en 3/4 y escalar por afuera con alguna trepada de Juan José Cáceres o Viera. Duró un suspiro en el comienzo. Porque es cierto que logró imponerse en la posesión (68%), pero fue mucho más peligroso Estudiantes.

No necesitó acumular pases, claro. Directo, con el sello de Zielinski, arrinconó a Racing con las pelotas paradas, el juego largo y cruzado y la velocidad de los extremos. Fernando Zuqui y Jorge Rodríguez manejaron el medio y el resto disparó rápido por las bandas. Tuvo tres situaciones muy claras en el tramo inicial del partido. Un tiro de esquina pasado que derivó en Nicolás Pasquini y no fue gol porque su zurdazo pasó a centímetros del poste izquierdo de Gabriel Arias; otra pelota que bajó Fabián Noguera y Agustín Rogel, en la puerta del área chica, arremetió por encima del travesaño; y un contragolpe que nació a partir de una mala entrega a Alcaraz que terminó con un bombazo de Matías Pellegrini en el palo.

Con el recurso del balón detenido y el funcionamiento colectivo aceitado, Estudiantes se mostró mucho más completo que Racing, que dependió de la inspiración individual. Algún envío largo para Enzo Copetti, la referencia, o la gambeta de Alcaraz, que al menos intentó encarar hacia adelante, aun sin éxito. La mejor posibilidad se produjo gracias a un zurdazo de Cáceres que sorprendió a Mariano Andújar y se estrelló en el poste.

Pero el partido se le abrió a Racing a partir de un pase de Lisandro hacia afuera y una asistencia de Viera para Moreno, que pisó el área con autoridad y le cambió el palo a Andújar. El Cilindro era una fiesta, después de un entretiempo en el que ya había tronado el “Milito hay uno solo”.

Entonces, Ubeda sacó a Viera, que se llevó una ovación de ensueño. Y entró bien Fabricio Domínguez, que disparó ante Andújar después de una contra que armaron Lisandro y Nery. Ya estaban en la cancha los pibes Kociubinski y Zapiola, ambos de 20 años. Después, entró un grandote, Leandro Díaz. La idea del Ruso estuvo clara. Aprovechar el juego largo y los costados, donde su rival mostraba endeblez.

El empate de Godoy lo puso en carrera. Y Zapiola perdió el segundo. A esa altura, el punto tenía sabor a poco para Estudiantes. Para Racing, un trago amargo que beberán los dirigentes respetados en un pasado no muy lejano y cuestionados en este presente que tiene al equipo desarticulado, con un entrenador de emergencia y carente de éxitos hace ocho partidos.


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