Crítica de Cine

Kung Fu (2021) – LeerCine

Kung Fu (2021) es un reboot de la serie del mismo nombre que estuvo al aire en televisión entre 1972 y 1975. Este concepto de reinicio está de moda desde hace unos años y en cine suele utilizar para empezar de cero con una franquicia ignorando todas las secuelas y precuelas existentes. Muchas veces está relacionado con una película que fracasó o una secuela que perdió el rumbo y se decide empezar nuevamente de cero. A veces significa casi lo mismo que remake, pero en teoría se supone que un reinicio respeta los elementos esenciales del original. Kung Fu cumple con algunos de estos conceptos pero en otras cosas difiere de forma drástica con la serie protagonizada por David Carradine en la década del setenta.

Kung Fu (1972-1975) era un western protagonizada por un solitario monje shaolin que había huido de China luego de vengar a su maestro. La serie tenía gran cantidad de flashbacks donde Kwai Chang Caine joven recordaba las enseñanzas de sus maestros. La serie nueva tiene varios cambios sustanciales. En primer lugar, la historia transcurre en el presente, en segundo, la protagonista es una joven. Un tercer elemento es una presencia contundente de la magia y un cuarto el hecho de que aparece una familia completa con la que la protagonista interactúa. ¿Pero que queda del original? La joven es nacida en Estados Unidos y viaja a un monasterio en China donde recibe su educación, pero su maestra es asesinada. Cuando vuelve a San Francisco descubre que su ciudad natal está tomada por el crimen y la corrupción y usa todo lo aprendido para hacer justicia mientras busca al asesino de su mentora.

¿Y qué tal es el resultado? Una verdadera catástrofe, un insulto a la serie original y a los espectadores que se acercan aquí a ver algo parecido con aquella historia. La joven protagonista, Nicky, es una joven que se rebela contra el mandato familiar y se convierte en una mujer empoderada. Gran parte de la trama está vinculada con la cultura woke, denunciando el machismo, los acosos sexuales y otras situaciones que sufren las personas, en particular las mujeres. La protagonista también tiene un hermano gay que ha salido del closet, por lo que la homofobia aparece en la agenda. La palabra agenda es clave en ese aspecto. También se denuncia el racismo, aunque esto sí aparecía en la serie original al estar ambientada en el oeste americano del siglo XIX. Irónicamente, el racismo que denunciaba Kung Fu de la década del setenta entraba en contradicción con el hecho de que los productores no se animaron a poner a Bruce Lee en el rol protagónico por su raza y elegir en su lugar a David Carradine, que a pesar de sus rasgos no tenía vínculo alguno con razas orientales.

Pero el desastre total de la nueva serie no es su forzada, falsa y especuladora búsqueda de subirse a las modas ideológicas. El problema es que las escenas de acción son lamentables, la música es horrible y las enseñanzas de la maestra no tienen nada de aquel espíritu budista del original. Toda la gracia del maestro y el alumno se ha perdido acá por completo. Además la serie busca ser una saga familiar con elementos de melodrama, comedia y romance. Una mezcla de Crazy Rich Asians y The Farewell, con ideas de triángulo amoroso como si fuera una saga adolescente. El humor es malo, la bajada de línea es deplorable y las artes marciales y las ideas budistas han quedado sepultadas en escenas notablemente feas desde lo estético y bochornosas en su inserción en la trama. Catorce episodios interminables tiene esta nueva versión de Kung Fu que le falta el respeto a la original y uno se pregunta porque quisieron ser llamados un reinicio de algo a lo que en esencia no se parecen.


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