Viaje a territorio cosaco: la vanguardia ultraconservadora de Putin que sueña con volver al imperio de los zares

(desde Rostov del Don, Rusia) Los niños de la Academia Militar Nicolás II de Rostov del Don montan y desmontan con habilidad un fusil Kalasnikov. En menos de 20 segundos lo tienen listo. Mientras, en el patio, sus compañeros desfilan a paso marcial bajo la atenta mirada de sus instructores, militares cosacos, y los penetrantes ojos de un busto de Nicolás Segundo, último emperador de Rusia, asesinado brutalmente junto a toda su familia por los bolcheviques, hace ahora 100 años, en Ekaterimburgo.

En estos pasillos, repletos de retratos de la Dinastía Romanov, son los valores tradicionales imperiales “Patria, fe y orden” los que se inculcan a los jóvenes, un esquema básico en la vida de los cosacos rusos.

Preparamos a los niños para que todos tengan una futura profesión militar, ya sea en el Ministerio de Asuntos Internos, en el FSB, control de fronteras, todo tipo de servicios al Estado”, cuenta a Infobae Mikhail Verbov, director de esta institución, mientras los niños que pasan a su lado le saludan con gesto firme y disciplinado.

La religión ortodoxa es el más importante de los vectores del resurgir conservador ruso. Angélica, una joven cadete de esta escuela, de apenas 16 años, asegura que “la fe ortodoxa es una parte muy importante de mi vida, en la escuela de cadetes se da mucha importancia a la fe en Dios, y creo que es algo importante para cada ciudadano de Rusia”.

En la capilla de la escuela, donde resaltan los iconos de Nicolás II, hecho santo por la Iglesia Rusa, y la de varios santos de origen cosaco, Nikita, un joven que desea ser oficial del Ejército Ruso dice que “la disciplina es lo más importante, cuanto más disciplinado eres, tanto mejor son tus resultados“.

Esta escuela, inimaginable hace apenas dos decenios, es la muestra perfecta del giro conservador que Rusia dio desde 1991 y que parece culminar ahora con Moscú como capital del mundo conservador.

La importancia del pueblo cosaco en este resurgir de la derecha rusa tiene raíces históricas. Los cosacos fueron rabiosamente perseguidos por Stalin, quien hace ahora 100 años, emitió una orden que ordenaba aniquilarlos por completo. Los cosacos de Rostov representaban todo lo que el comunismo bolchevique odiaba: tradición, fe y monarquía. Desde entonces los cosacos llaman a 1919 el “Año del genocidio“, fecha que quieren que sea reconocida oficialmente en Rusia.

Ioann Sevastyanov es sacerdote ortodoxo cosaco y líder de los llamados “Viejos creyentes” de Rostov, la comunidad más conservadora dentro de la Iglesia rusa. Con larga barba y vestido rigurosamente de negro fue siempre un ferviente anticomunista. “Mi padre arrancaba la cara de Lenin de los libros de texto, todo el mundo en la aldea sabía que en casa éramos creyentes“, asegura. Entonces, en los años de su niñez “la ideología comunista, la fe en un futuro luminoso, era una fe ideologizada, una religión a su manera” nos cuenta, es su pequeña iglesia en el centro de la ciudad.

Para Maxim, un conocido pintor, poeta y músico cosaco de Rostov, los comunistas no consiguieron suplantar la fe en Dios, pese a la represión y los asesinatos en masa. “La Unión soviética -cuenta en su estudio repleto de iconos religiosos pintados al estilo pop-art- quería llenar el vacío en el alma. Pusieron a la momia de Lenin en la Plaza Roja, como si fuera la reliquia de un santo, cambiaron las calles, en vez de “Santa Trinidad” las llamaron Karl Marx o Engels, y en vez de profesiones, salían desfilando con banderas rojas… se viajó el cosmos, se ganaron guerras, llegó el progreso…pero dentro del hombre, el alma continuaba vacía“.

Pero aquellos están en el pasado. Con la toma del poder por parte de Vladimir Putin, al comienzo del nuevo milenio, la iglesia ortodoxa rusa ha retomado su influencia en el Kremlin, y lo que parecía imposible hace apenas 25 años es ahora una realidad: Rusia es un país de derecha en lo político y capitalista en lo económico.

“Ahora en Rusia ser conservador es una posición cómoda. En la escena geopolítica, Rusia se ha posicionado como la cabeza del mundo conservador” asegura el cura Sevastyanov, quien de todos modos cree que los cambios eran inevitables: “Ha habido cambios muy grandes, en el gobierno, en la ciencia, en el progreso de la técnica, en lo social… Creo que si no hubiera habido motivos para un cambio fundamental del modo de gobierno en los 80 y 90, el cambio habría llegado en los 2000, simplemente por la llegada de internet”.

Ahora los cosacos están organizados, y promueven sus ideales anti liberales no sólo en Rusia, sino en toda Europa. Para los radicales de derecha de Europa oriental, los cosacos son un ejemplo a seguir.

La ideología cosaca, basada en el integrismo cristiano y cierta idea de destino manifiesto de Rusia en el mundo, aborrece los cambios liberales realizados por Europa o EEUU. Profundamente anti-homosexuales y marcadamente anti-islámicos, grupos de cosacos de todo el país se han visto envueltos en agresiones a manifestantes, activistas y miembros de partidos de oposición a Putin. Su última gran aparición fue en Moscú, cuando azotaron con látigos a los simpatizantes de Alexey Navalny. También se les ha visto fustigar a feministas y repartir puñetazos a homosexuales.

A pocos kilómetros, en la capital histórica de los cosacos, Novocherkask, la catedral está repleta de uniformados. Policías, militares, cadetes….todos ellos cosacos, que forman una fuerza cuasi paramilitar. Muchos de estos hombres han luchado en la vecina Ucrania, portando banderas del Impero ruso, blanca, amarilla y negra, y portando estandartes de Jesús Resucitado, mientras la propaganda rusa hacía creer a la izquierda europea que la guerra en Donetsk y Lugansk era poco menos que una revolución socialista.

Georgy Smorkalov, el sacedote militar del “gran ejército del Don” y líder de los cosacos del sur de Rusia, acaba de terminar un oficio de dos horas. Para él, lo que llega de Europa es “una descomposición” y es eso lo que “está provocando un enorme rechazo a estos valores liberales que quieren introducirnos. Nos quieren hacer creer que ‘esto está bien, es algo normal, con esto hay que tener paciencia…’ Cosas como el desfile del orgullo gay es algo inaceptable en la tierra cosaca”.

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