Una maestra no supo decir dónde queda Ucrania: ¿están tan mal formados nuestros docentes?

El insólito error en “¿Quién quiere ser millonario?” (Video: “¿Quién quiere ser millonario?” – Telefe)

La escena se viralizó en las últimas horas. Gabriela, una docente particular de primaria, participó en el programa ¿Quién quiere ser millonario? de Telefé. En una de las primeras instancias, le preguntaron: ¿En qué continente se encuentra Ucrania?

Tenía cuatro opciones: Oceanía, Europa, África y Asia. Dubitativa, la docente apeló al comodín de la tribuna. Todavía insegura, apostó por el otro comodín y le quedaron sólo dos opciones: África y Europa. Llegó el momento de responder y optó por África.

Al rato, las redes sociales ya estaban inundadas de burlas y cierta incredulidad. ¿Cómo es posible que, incluso con dos ayudas, no supiera en qué continente está Ucrania? En realidad, el interrogante era: ¿cómo es posible que una docente -a la que con toda lógica se atribuye una formación superior a la media- no supiera dónde está Ucrania?

La pregunta tan sencilla y su respuesta equivocada despertaron una inusitada preocupación por la formación de nuestros maestros. La premisa, más bien obvia, marca que no habrá alumnos con buena educación sin docentes preparados, que primero se necesitan educadores a la altura para luego poder brindar a los chicos una educación de calidad.

Juan María Segura, consultor en innovación y gestión educativa, le dijo a Infobae: “Resulta difícil escindir la calidad de los aprendizajes escolares de la preparación y pericia de sus docentes. Los alumnos son un poco espejo de sus maestros. Es cierto que otros elementos entran en juego, ya sean externos como el nivel socioeconómico o internos como la currícula, pero los alumnos son termómetros de sus docentes. Y en Argentina, a través del operativo Aprender, sabemos que nuestros alumnos aprenden poco y mal de casi todo”.

Del mismo modo, planteó: “La formación docente no está logrando su cometido. No está preparando a los maestros para lograr su objetivo. Hay varias hipótesis: se falla en los contenidos, se equivoca el abordaje pedagógico, se obvia la evidencia científica o se malinterpreta la integración de las tecnologías”.

Gustavo Zorzoli, ex rector del Nacional Buenos Aires, forma docentes en la ciudad hace 30 años. “La formación académica en CABA es muy buena, aunque demasiado extensa en varias especialidades. De hecho, la formación inicial lleva en promedio seis años. Sin embargo, faltan incentivos para seguir la docencia, sobre todo, becas y mejores sueldos para los que están en ejercicio. También se necesitan estímulos para que los mejores alumnos en la secundaria elijan la carrera”, opinó.

Lo cierto es que, más allá de las sospechas en torno a una mala calidad en la formación, no hay evidencia concreta que avale ese enunciado porque los maestros no son evaluados, por lo menos en forma estandarizada. El único intento de evaluación sistematizada fue Enseñar, que tomó comunicación escrita y criterio pedagógico a los estudiantes de último año de profesorado en 2017, pero tuvo escasa participación.

Pese a no ser representativos y marcar solo una “tendencia”, los resultados de esa prueba se presentaron a fines del año pasado. “No fueron tan malos como sospechábamos, pero tampoco tan buenos”, fue el diagnóstico oficial. En concreto, el 40% de los alumnos mostró dificultades, un 20% se situó en el puntaje esperable -pudieron interpretar y extraer ideas de un texto- y otro 40% estuvo por encima de ese estándar.

Otro estudio internacional, el desarrollado por Varkey Foundation, muestra que el prestigio de los docentes argentinos está entre los más bajos del mundo. Entre 35 países encuestados, Argentina se ubica en el puesto 31. Es decir, entre los que menos respeto percibe hacia los maestros.

Rodrigo Miguel, abogado especialista en educación y autor de El poder de la educación, señaló: “Si coincidimos en que lo más importante para el país es el desarrollo del capital humano, los docentes tienen que estar en el centro del tema educativo. Es imposible tener una buena educación con este esquema de la docencia argentina. Es fundamental que logremos introducir la meritocracia en la carrera docente. No puede dar lo mismo ser un docente excelente, mediocre o muy malo. Hay que premiar los esfuerzos”.

Con su planteo, Miguel hizo referencia al estatuto docente que rige en el país; con algunas pocas diferencias, el mismo que se aprobó hace 60 años y que como único incentivo salarial tiene la antigüedad. A mayor cantidad de años, mejor salario. Ninguna referencia a mejoras educativas ni proyectos de innovación en el aula.

“Es un verdadero disparate pensar que la meritocracia va en contra de la inclusión. Que sean los mejores, los que se destaquen los que lleven a cabo las tareas importantes no tiene nada que ver con la exclusión. Los docentes tienen que estar muy calificados. Es fundamental que solo los mejores puedan ser docentes”, consideró Miguel.

Por su parte, Segura reflexionó: “Claro que hay docentes que trabajan bien y destacan, pero son pocos y no alcanzan para revertir a escala un proceso que está mal encaminado. Vislumbro en un futuro maestros que no provengan de la carrera tradicional y eso me anima. Quienes abracen la época, estarán en excelentes condiciones para suplantar a docentes mal formados”.

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