Una fresa de otro color puede cuestionar las ideas preconcebidas

El verano significa fresas en muchas partes del hemisferio norte. Los festivales de la fresa son frecuentes por todo Estados Unidos y Canadá. En Wimbledon, el prestigioso torneo de tenis en las afueras de Londres, las fresas con nata se consideran una tradición de la cancha. El fruto es rojo, la nata blanca.

En Japón, donde la temporada alta termina en abril, las cosas son diferentes.

Las fresas blancas son particularmente apreciadas. Los frutos blancos, que se venden en tiendas de alimentación exclusivas y se empaquetan como si fuesen joyas (y, a menudo, se compran para regalo), pueden costar hasta 1.000 yenes (US$9) la unidad. (La que se muestra aquí, de Teshima en la prefectura de Saga, cuesta 720 yenes).

Aunque el sabor es similar al de los frutos rojos, la variedad blanca tiene sus ventajas: mancha menos, atrae menos pájaros durante su cultivo, y las plantas resisten algunas enfermedades. Y quizás lo más importante: cuestiona las ideas preconcebidas.

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