Se conocieron en el Nuevo Gasómetro, se enamoraron y llevan los colores de San Lorenzo en su kombi

Viento, canciones de cancha, frío, calor. Más canciones de cancha, olor a hamburguesa, los gritos de quienes venden bebida, cargadas a Huracán. En medio del folklore que se respira en el Nuevo Gasómetro, entre los abrazos de gol, Micaela Antiñolo (31) y Damián Carballo (33) se conocieron hace tres años. La pasión futbolera fue el nexo para que la arquitecta del barrio porteño de Caballito y este contador de Burzaco se enamoraran.

Con el correr de los meses se dieron cuenta que el sueño de su vida pasaba lejos de los tableros de dibujo y de los balances. Soñaban con viajar por todo el continente, conocer lugares nuevos, disfrutar durante mucho más tiempo que los clásicos 15 días de vacaciones. Lejos de quedarse en la etapa del anhelo y la planificación, ellos lo hicieron realidad.

Comenzaron a buscar una Voklswagen Kombi a través de los clasificados de los diarios, revistas de vehículos usados, por Internet. Pero no había ninguna que les convenciera. Hasta que la hallaron. “La encontré en una publicación de Facebook: estaba en Lincoln, provincia de Buenos Aires. Nos pedimos un día en el trabajo y viajamos a conocerla. Era modelo 1983, estaba impecable de chapa, muy cuidada. Sin conocer cuál era el estado del motor, nos la trajimos manejando”, recuerdan desde San Martín de los Andes.

La bautizaron La Camboyana, en honor al equipo de San Lorenzo en el que brillaron Blas Giunta, José Luis Chilavert, Luis Malvárez y Walter Perazzo, entre otros, hacia finales de la década del 80 y que recibió ese apodo de Los Camboyanos. La camioneta en sí les costó $170.000. Lo demás fue como en el tema Alejandro Lerner: todo a pulmón.

Ingenio y manuales mediante, le bajaron el motor y lo llevaron hasta el taller de un mecánico especializado en motores Volkswagen Beetle en la ciudad santafesina de Rosario. Una vez que éste lo afinó, Damián se encargó de instalarlo de nuevo. En el interior, la camioneta está revestida en fenólico y material de alto impacto, algo muy útil para mantener la temperatura en condiciones climáticas adversas.

Pero para dos fanáticos como ellos, la camioneta no estaría lista si no tenía algo que los identifique. Por eso, Micaela y Damián decoraron el techo de la kombi con el escudo de San Lorenzo y en las puertas le pintaron el logo de Cuervos por la ruta, el nombre por el que se los conoce en las redes sociales. “Fueron muchos fines de semana de trabajo duro. Sólo parábamos para almorzar o tomar unos mates”, asegura emocionada Micaela.

Con autorización del presidente de San Lorenzo, Matías Lammens, sus familiares y amigos les hicieron una despedida en el polideportivo Roberto Pando. El 22 de diciembre pusieron primera desde su “kilómetro cero” y tres días más tarde festejaron Navidad en Tandil junto a otro hincha de San Lorenzo que había leído sobre su historia y no dudó en invitarlos a compartir la Nochebuena.

Tras una emotiva despedida, de un cálido ‘Hasta pronto’, los Cuervos por la ruta siguieron viaje rumbo al sur. Con el océano Atlántico a la izquierda, pasaron por Viedma, Puerto Madryn, Comodoro Rivadavia, Río Gallegos, Río Grande y Ushuaia, en la parte más austral de nuestro país. Cruzaron a Chile donde conocieron Torres del Paine, recorrieron la Carretera Austral y volvieron a la Argentina para retomar viaje hacia el norte. Atravesaron el Parque Nacional Los Alerces y siguieron hacia Lago Puelo. Llegaron a la ciudad de San Carlos de Bariloche y luego las pintorescas Villa La Angostura y San Martín de los Andes. Al momento de la publicación de esta nota estaban camino a Junín de los Andes.

Para solventar los gastos del viaje, Micaela y Damián  recurren a la creatividad y a distintas técnicas que aprendieron en la ruta. Venden postales que tienen a la kombi como principal protagonista. Los compradores les hacen una transferencia y ellos las envían por correo a cualquier lugar del mundo. Además venden aros y collares en vitrofusión, mermeladas que aprendieron a preparar en la Patagonia y pulseras artesanales.

Una convivencia de 24 horas. Así viven Micaela y Damián durante los miles de kilómetros que llevan recorridos. “Cada día es diferente al otro. En algunas ocasiones nos levantamos tempranos para aprovechar y conocer. Hay días en los que dormimos hasta las 11. A veces estamos solos y en otras, compartimos experiencias con otros viajeros, fanáticos del “Ciclón” y gente que se nos acerca”, comenta Micaela.

Consultados sobre hasta dónde piensan llegar, qué países les gustaría conocer, los Cuervos por la ruta prefieren evitar dar una respuesta contundente. “No lo tenemos en claro porque vamos cambiando todo el tiempo el recorrido. Sí sabemos que queremos viajar un tiempo largo. Tenemos tres cosas: las visas de Estados Unidos, Canadá y el sueño de todo  ‘kombinauta’ de llegar hasta Alaska”, concluyen.

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