Pinti: “No tengo redes sociales: me quedé en 1986”

1.

¿Lo halaga tener una estrella con su nombre en la vereda de Corrientes, o le parece una más de las tilinguerías con las que, según usted, se está destruyendo a la avenida?

¡Me encanta que haya una estrella mía!: si las tienen en Hollywood, por qué no las vamos a tener nosotros. Ahora, lo de clausurar durante un año y medio la arteria teatral más importante de toda América Latina fue horrible.

2.

¿Cómo maneja la contradicción de ser un duro crítico de la misma clase media que, finalmente, compone la mayoría de su público, y de la que además usted orgullosamente se asume parte?

Como cualquier contradicción. No se puede negar, es como decir “Soy actor”. Ser autocrítico no tiene nada que ver con ser autodestructivo: si te asumís, te asumís con todo, con lo bueno y con lo malo.

3.

De la misma forma, ¿cómo es ser un ácido monologuista político y a la vez un ciudadano ingenuo al votar?

Uno habla con el diario del lunes, si pudiera hablar con el del viernes sería un superdotado. Me fui acostumbrando a no comprar cualquier cosa pero también a no desconfiar de todos.

4.

En los ochenta usted tuvo un boom con Salsa criolla aún en años de crisis. ¿Cómo transporta eso al presente, cuando puede tener menos de cien espectadores por función?

Estrené en 1985 y hasta que no vino la debacle del Austral yo metía 6.000 personas, el segundo metía 5.500. Completamente distinto fue en 2001. Ahí sí yo era una isla: el segundo venía a 1.200 personas. Hoy la crisis, en cuanto al bolsillo y a la perspectiva, es peor. Entonces será que nadie quiere ver a un viejo de 80 años que le dice por qué va tan mal todo.

5.

Mucho de lo que dice en el escenario lo repite en televisión. ¿No compite consigo mismo?

Puede ser. También, eso fue siempre: iba a lo de Susana y decía la mitad del monólogo de la Reina Isabel de Salsa criolla. Cuando hay crisis, tenés que elegir, entonces ya no estoy entre los top five.

6.

A esta altura de su vida y carrera ¿cuánto hay de necesidad artística y cuanto de necesidad económica?

Primero que nada es una necesidad espiritual. Yo podría decir “por seis meses no laburo”, pero nada más. Porque en una edad complicada, tenés montones de médicos y todo cuesta dinero. Dije que me asustaba la cantidad de aumentos que tenían las tarifas y que sufría por el problema de la insulina, que me la debía dar obligatoriamente. Como sin darme cuenta había hecho quilombo, me llamaron de la prepaga y después de tres años conseguí que cumplieran. Dos personas ancianas vinieron al teatro a ofrecerme la insulina: eso habla de lo que es la clase media, que al final también es solidaria.

De café. “Los argentinos queremos arreglar el país desde la mesa del café. Es una costumbre nacional que ha quedado limitada a la gente de mayor edad".

De café. “Los argentinos queremos arreglar el país desde la mesa del café. Es una costumbre nacional que ha quedado limitada a la gente de mayor edad”.

7.

¿Qué significó en su carrera Radio Pinti (1991), aquel álbum junto con Charly García y Pedro Aznar?

Fue fantástico. Una vez, en Edelweiss, Charly estaba sentado una mesa y yo en otra y me dijo una cosa que yo no entendía: “Vos sos rap”. Yo no sabía ni qué coño era el rap. Entonces me acerqué y me explicó lo que era: yo había visto raperos, pero no sabía que se llamaba rap. La organización fue de Pedro, porque Charly estaba en una época muy desprolija: un día venía, otro día no, pero las veces en que venía fue el que dio toda la base musical, porque es un genio.

8.

Ha sido asiduo público de Broadway durante décadas. ¿Le tocó vivir de primera mano la evolución del área?

Ahora es Disney pero cuando empecé a ir, en la calle 42 no se podía estar. El personaje de Jodie Foster en Taxi Driver lo veías todo el tiempo. Yo fui y me asusté: eran todos cine porno y chicas drogadas que no tenían más de 15 yirando. Era muy peligroso y a la vez muy atractivo. Una vez me asaltaron a las seis de la tarde: llovía, yo llevaba carterita bajo el brazo, era un boludo; tomé la 42 antes de llegar a Broadway, y desde adentro de un zagúan de un negocio de artículos electrónicos salió un negro de cuarenta metros y me tiró al piso. Y una vieja también negra que pasaba lo cagó a paraguazos, le dijo de todo, y el tipo no sé por qué huyó, y la vieja me ayudó a levantarme. Cosa que hoy acá es moneda corriente.

9.

¿Qué obras se quedó con ganas de hacer?

En general me di los gustos. Vi la primera versión de Los productores en cine: cuando vi a Zero Mostel, dije “Dios mío, es el papel para mí”. Lo mismo Hairspray; aparte, me fascinó Divine, al que vi en teatro off de Los Angeles en Women Behind Bars, y yo hubiera querido hacer esa obra. Yo era un enamorado de Cole Porter y cuando me ofrecieron Anything Goes no lo podía creer. Lo mismo El burgués gentilhombre de Moliere. Incluso hacer Lo que vio el mayordomo, de Joe Orton: yo lo glorifiqué por su arrojo, porque era un personaje tipo Fernando Peña.

10.

Que la mayoría de estos trabajos hayan coincidido con los años kirchneristas dio pie al equívoco según el cual usted no se habría animado a criticarlos. ¿Cómo se tomó eso?

Mucha gente, entre ellos mi querido Alfredo Casero, dice que yo me callé la boca. Durante casi una década que estuvo el kirchnerismo yo casi no hice espectáculos de crítica, pero cuando los hice, los hice concha igual que a cualquiera. Como no los vinieron a ver y yo no tengo redes sociales, pensaron que me callé por cagueta. Realmente, hay que ser muy pelotudo.

“Durante casi una década que estuvo el kirchnerismo yo casi no hice espectáculos de crítica, pero cuando los hice, los hice concha igual que a cualquiera”.

11.

¿Ve algún link desde Discépolo apoyando a Perón hasta Casero bancando a Macri?

Es el mismo caso. Cuando uno tiene una convicción real, tiene todo el derecho a militar, tampoco es que estás promocionando a un asesino serial. Lo que sí es detestable es la gente que usa una ideología política para sacar usufructo.

12.

¿Lo desborda la lógica de las redes sociales?

No pienso usarlas porque no están en mi esquema social y además soy muy torpe para incorporar tecnología: no sabés lo que me costó grabar un programa científico sobre la vida de las abejas pensando que estaba grabando Casado con hijos. Para mí las redes no existen, es como que me quedé viviendo en 1986.

13.

¿Le parece que el insulto se ha vuelto tan ubicuo que ha perdido su fuerza estética?

Yo nunca lo usé como una atracción de público. De parte de mi papá, vengo de una familia italiana puteadora. En el ‘72, ‘73, aún en La Gallina Embarazada que era un lugar alternativo, yo decía por una cosa de la historia de Napoleón, que el frío y el calor le hacían mal: “No hay poronga que le venga bien a este enano de mierda”, y la gente miraba para la salida a ver si venía la policía.

Autocrítico. "Ser autocrítico no tiene nada que ver con ser autodestructivo: si te asumís, te asumís con todo, con lo bueno y con lo malo".

Autocrítico. “Ser autocrítico no tiene nada que ver con ser autodestructivo: si te asumís, te asumís con todo, con lo bueno y con lo malo”.

14.

¿Alguna vez se imaginó que un economista (Javier Milei) iba a protagonizar un show en Corrientes?

En una plaza tan variopinta como es Buenos Aires, uno sabe que en este negocio hay lugar para todos: da lo mismo compartir con Milei que con… Hubo un momento en que había diez mediáticos arriba del escenario y uno decía “¿De dónde carajo salen?”

15.

¿Nunca consideró tener un co-guionista?

La verdad que no. En mis espectáculos siempre trabajé solito.

16.

¿Y testear material por distintos escenarios, como estilan los comediantes en los Estados Unidos?

No, los espectáculos míos los voy probando de acuerdo a lo que ocurre: hay días en que se ríen, días que no.

17.

Con “Perdido por perdido” como principal excepción, ¿el cine y la televisión nunca supieron aprovecharlo como actor?

Tengo bronca hace veinte años: “Concha de tu madre, si yo no pido protagónico ni un cachet como Francella o Darín, ¿tan mal actor me ven?” Desesperado, cuando hicieron Epitafios dije: “Para un capítulo, alguien que maten, un hijo de puta, un policía”. Lo mismo, El marginal: un guardiacárcel, un abogado… nada. Cuando me llamaron de Mujeres asesinas, que fue la única vez que trabajé para Pol-Ka, fui la tercera opción, porque Norman Briski no pudo, Patricio Contreras no pudo, y como (Alberto) Lecchi me había dirigido en Perdido por perdido y Secretos compartidos, dijo “Enrique lo puede hacer”. Si ahora me llaman, no puedo seguir la rutina de una filmación, es too late.

18.

¿Pinti y los pingüinos en los ‘90 fue para el medio local un programa de TV adelantado en décadas?

Totalmente, fue una idea de Daniel Tinayre. Como era un gran director cinematográfico, tenía una cuestión visual, no conceptual: “Lo veo a Enrique como un tipo que le habla a un montón de pingüinos”. De los Kirchner, en 1993 no teníamos idea, así que los pingüinos vinieron por otro lado. Hice lo que hacía en el teatro, de trasnoche en la tele.

19.

Si vienen de Netflix con plata para hacer un especial, ¿acepta?

Sí, claro, ¡pero no vienen!

20.

Más allá de las molestias físicas, ¿no tiene ganas de ir a votar en octubre, un par de semanas después de cumplir ochenta?

Ninguna gana. Han logrado una cosa que nunca pensé que me iba a pasar. Si de acá a octubre aparece alguna ilusión, voy a ir. Mirtha (Legrand) en ese aspecto es una mujer muy dichosa, porque tiene convicciones. Yo soy el Hamlet de Recoleta: estoy permanentemente dudando:“¿Ser o no ser?”.

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