Peligraba Woodstock 50, pero la llegada de un nuevo inversor garantiza la reedición del mítico festival en agosto próximo

Habrá Woodstock 2019. A 50 años del mítico festival de rock que definió una época, la edición que lo celebra -que tuvo idas y vueltas legales y también financieras- fue confirmada por la organización que lidera su productor vitalicio Michael Lang. El viernes, mediante un comunicado, se anunció el ingreso de Oppenheimer & Co., compañía líder global de servicios bancarios y financieros, como principal inversor. “Estamos emocionados por unirnos a este increíble fin de semana de compromiso musical y social”, declaró John Tonelli, Director de finanzas del área Debt Capital Markets & Syndication de la firma neoyorquina. “Creemos en Woodstock como un ícono cultural estadounidense y vamos hacia adelante hacia su regeneración en los verdes campos de Watkins Glen este verano, con todos los artistas de una extraordinaria programación”, agregó.

El Festival, cuyo nombre es sinónimo de la cultura rock que sacudió el siglo XX con sus invocaciones de “paz y amor” en un momento de plena agitación social y cultural, se desarrollará entre el 16 y el 18 de agosto en Watkins Glen, una pequeña localidad del estado de Nueva York que tiene unos 2 mil habitantes y está ubicada a unos 240 km del predio en donde realizó el festival del 69. Dentro de una extensa y ecléctica programación, se anuncian como cabeza de cartel a los raperos Jay Z y Chance The Rapper, las bandas The Killers e Imagine Dragons, la cantante pop ex Disney Miley Cyrus, el supergrupo Dead & Company (el grupo que formaron ex integrantes de Grateful Dead junto al virtuoso guitarrista John Mayer) y varios de los históricos músicos que tocaron en aquel verano del amor, entre ellos el guitarrista mexicano Carlos Santana y los estadounidenses David Crosby -que aquella vez cantó con Stephen Stills, Graham Nash y Neil Young– y John Fogerty, en ese momento al frente de los enérgicos Creedence Clearwater Revival.

Tonelli, el hombre detrás de esta buena noticia, tiene 55 años y su esposa es argentina (Isabel, chef especializada en alimentación vegetariana). Licenciado en Artes en la Universidad de Columbia, abogado y master en administración de negocios de la jesuita universidad de Durham -donde fueron alumnos Denzel Washington, Donald Trump, Lana del Rey y Don De Lillo, entre otros ilustres-, tiene más de dos décadas de experiencia en importantes compañías como Bear Sterns, JP Morgan y la Corporación América. Concretamente, de la inversión que lidera, no se brindaron cifras oficiales aunque el portal de noticias digitalmusicnews.com especuló con que se podría tratar de más de 20 millones de dólares. “Solo por referencia, los inversores iniciales Dentsu Aegis retiraron 17.8 millones de la cuenta bancaria de Woodstock 50. Oppenheimer no revelaría cifras concretas, pero es probable que el grupo de inversión ponga una cantidad equivalente, si no más, para que esto sea un éxito”.

Michael Lang, en tanto, se mostró entusiasmado por la oportunidad de revivir el festival que cambió su vida para siempre y lo convirtió en leyenda. Aquello fue su aventura personal, que terminó por definir una era y ahora a sus 73 años, implica un nuevo desafío. Encargado de una empresa que lleva el nombre del festival y se dedica a producciones audiovisuales, anunció que la venta de entradas comenzará “en breve” y que ahora todos miran hacia adelante con optimismo, hacia la concreción de un “encuentro increíble”. “Es difícil expresar con palabras cuánto apreciamos todos -la organización, los artistas, los fans y la comunidad- la unión de Oppenheimer & Co.”, dijo el productor.

Sobre la elección de las bandas y solistas que integrarán la programación, afirmó que se trata de “artistas que no solamente entretienen sino que también le recuerdan al mundo que la música tiene el poder para unir a la gente, para sanar, para ponerse en acción y contar la historia de una generación. “Nuestra esperanza, hoy tanto como en 1969, es que la música inspire un cambio positivo”, remarcó el hombre cuya imagen de chaleco de cuero, jeans y pelo enrulado, a bordo de una Harley Davidson recorriendo el predio en 1969, quedó inmortalizada tanto como los shows de Jimi Hendrix (y su ácida y eléctrica versión del “Star Spangled Banner, el himno de los Estados Unidos), Santana, The Who, Joe Cocker y Janis Joplin entre los más recordados. Ahí está como testimonio la película Woodstock: 3 Days of Peace & Music, dirigida por Michael Wadleigh y editada por Martin Scorsese y Thelma Schoonmaker entre otros, ganadora del Óscar al mejor documental en 1970.

Concluyen de esta manera los variados contratiempos que atravesó esta edición 50° aniversario, que incluyen el retiro de los iniciales inversores – el grupo financiero japonés Dentsu Aegis Network-, la suspensión temporal de la venta de entradas y el trámite todavía inconcluso de una autorización por parte del Departamento de Salud del Estado de Nueva York (DOH) para permitir que una multitud, estimada por Lang en 80 mil personas, acampe en lugares especialmente acondicionados y adyacentes al predio donde efectivamente se hará el festival.

Así se concretará esta nueva reencarnación de un festival siempre asociado a mucho más que los “3 días de paz y música” que tuvo y tiene como slogan. En verdad, ya tuvo otras dos versiones que homenajearon y buscaron igualar aquel espíritu hippie original que todavía hoy perdura. En 1994 se realizó en la Granja de Winston (Saugerties, Nueva York), y tuvo gran impacto global porque llovió como hacía 25 años, hubo canto de la lluvia -el “oh oh oh oh” que todavía suena en recitales argentinos- y patinaje sobre barro, además de unas recordadas performances de Cypress Hill, Nine Inch Nails -que salieron “maquillados” con barro, en un guiño al factor climático que había marcado la edición del 69-, Green Day, Red Hot Chili Peppers y Bob Dylan.

En 1999 se hizo en Rome (condado de Oneida, Nueva York) y las cosas no fueron tan bien: la multitud lució desbordada, sobreexcitada y hubo disturbios que provocaron la intervención policial en pleno desarrollo de los shows. Sumado al espíritu de fin de siglo que presagiaba un cambio no-tan-pacífico de era, la estridente música heavy de bandas como Korn, Insane Clonw Posse, Limp Bizkit, Metallica y Megadeth entre otros, potenció el estado de anarquía en el lugar. La imagen de un predio con inmensas fogatas, corridas y los Red Hot Chili Peppers haciendo su número mientras abajo del escenario reinaba el caos, simbolizaron una fallida edición 30° aniversario.

Entonces ¿por qué el mito Woodstock se mantiene inalterable y sigue siendo objeto de estudios sociológicos, documentales retrospectivos e incluso una mega edición discográfica “de lujo” titulada “Woodstock 50 – Back to the garden” con 38 discos a un nada módico precio de 800 dólares?

Porque sucedió en 1969, unos meses antes de que el hombre llegara a la Luna, cuando ya había pasado el Mayo Francés y la Primavera de Praga, la guerra de Vietnam entraba en su fase realmente complicada, apenas unos días antes se habían conocido los crímenes del clan Manson; cuando el Che Guevara ya era leyenda, faltaba un mes para la frase “el sueño terminó” de John Lennon anunciando la separación de los Beatles y el LSD había dejado de ser el simple resultado de un experimento universitario.

En ese mundo, juntar casi un millón de personas para vivir una “experiencia” de territorio liberado de cualquier restricción sobre sexo y drogas, al ritmo embriagador del rock en su apogeo, dejó una huella cultural inalterable que define un tiempo y un lugar en la historia de la humanidad. Tanto como eso.

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