OPINIÓN: López Obrador, los vientos de la libertad y la creación de una tormenta perfecta

En 1989 se firma el Tratado de Malta entre Bush y Gorbachov. Con ello concluye la Guerra fría, que es una época muy importante del Siglo XX. Época en la que existió una bipolarización muy peligrosa entre el Pacto de Varsovia, lidereado por la Unión Soviética y sus países satélites, y la OTAN, capitaneado por Estados Unidos y sus aliados de Europa del Oeste.

Recuerdo de joven haber escuchado a Margaret Tatcher en la Ciudad de México decir “Quien crea que esto es el principio de un nuevo orden mundial se equivoca…. Esto, más bien será un nuevo desorden mundial…. Y tuvo mucha razón.

La caída del muro de Berlín proyectó lo que parecía una nueva realidad mundial: la economía seguiría el camino del libre mercado y el de la democracia.

A inicios de los noventas soplaban vientos de libertad.

En México, Carlos Salinas de Gortari, fraguaba los pactos de Solidaridad entre los sectores público, laboral y empresarial. Eran los primeros cambios radicales que se hacían a la Constitución desde 1917. También, con la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), se consolidaba la apertura del país que había iniciado Miguel de la Madrid en 1986 con la entrada de Mexico al GATT.

A nivel internacional se hablaba de México como un país que se encaminaba al primer mundo.

Pero poco duro esta luna de miel. La convulsión política que detonaron los asesinatos políticos del secretario general del PRI, José Francisco Ruiz Massieu y Luis Donaldo Colosio, candidato a la presidencia de México por este partido, así como la debacle financiera que detonó el error de diciembre de 1994, significaron un duro despertar de los mexicanos a una austera y dura realidad.

Pero con ello, la sociedad mexicana también despertó a una posibilidad de empoderamiento. En 1997, bajo la presidencia de Ernesto Zedillo se da el primer paso para quitarle al PRI la mayoría en la cámara baja y tres años después, se logra lo impensable, en el año 2000 el Revolucionario Institucional pierde la presidencia por primera vez en la historia moderna del país.

Desde entonces, la sociedad mexicana ha aprendido que puede castigar con su voto a quien ha hecho las cosas mal. En otras palabras, ha aprendido a castigar el pasado, pero aún no ha aprendido a prever o pronosticar adecuadamente el futuro.

Es más fácil rechazar algo que ya pasó que aceptar un futuro que aún no sucede. Prever el futuro no es fácil, requiere preparación, capacidad de análisis, obtener y evaluar opciones basadas en información veraz, completa y oportuna. Implica soportar decisiones basadas en la lógica y la razón.

Desde el descubrimiento de ese empoderamiento, la sociedad mexicana ha variado sus decisiones votando por el PAN de Vicente Fox y Felipe Calderón y luego regresando al PRI de Enrique Peña Nieto. Con este último se detonan una serie de escándalos de corrupción e impunidad que ofenden y molestan a la sociedad mexicana y ello crea la tormenta perfecta que permite que Andrés Manuel López Obrador, un personaje diferente y con gran capacidad de comunicación popular, se convierta en la opción preferida para una mayoría de mexicanos cansados de un estatus quo ajeno a sus intereses y sentimientos.

De esta forma, AMLO se encuentra, repentinamente con un poder político sin precedentes y comienza a dar rienda suelta a sueños añejados por muchos años.

Pero el poder es un amo muy difícil de controlar y que suele transformar las mentes y corazones de aquellos que lo poseen. Y el efecto que el poder tuvo sobre AMLO no fue la excepción, ya que en pocos meses ha radicalizado su autoritarismo al grado de emitir memorándums ejecutivos y hacer a un lado la Constitución que juro obedecer y defender. Su megalomanía no le ha permitido escuchar opiniones diferentes a la suya y considera que sólo él es dueño de la verdad. Solo el sabe que se debe hacer y quien lo debe hacer. Sin mayor análisis o asesoramiento profesional ni serio esta destinando y desperdiciando enormes de recursos económicos en mega obras como Santa Lucia, Dos Bocas, Tren Maya y Transísmico.

A pesar de todo, México aun tiene un tipo de cambio estable en su moneda debido a dos elementos principales: las altas tasas de interés que pagamos (aunque ello encarece el crédito y deteriora la productividad) y el hecho de aun conservar el grado de inversión.

Pero las acciones de AMLO están erosionando rápidamente la confianza de los inversionistas nacionales y extranjeros que temen una potencial baja de las calificadores internacionales.

El margen de maniobra se cierra con rapidez y si AMLO no corrige el rumbo este gran barco que se llama México comenzará a hacer agua… y si ello ocurre persiste la pregunta, ¿AMLO aceptara y corregirá errores? o, como suele hacer, ¿culpará a otros?

¿Los vientos de libertad encausaran las acciones de un jefe de estado o se transformaran en la tormenta perfecta de un dictador?

* Empresario, consejero nacional Coparmex, profesor invitado del IPADE

Lo aquí expuesto es responsabilidad del autor y no representa la postura editorial de este medio

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