Más mujeres al frente de la Defensa

Cuando comencé a estudiar el tema militar, había muy pocas mujeres especialistas en el tema, en los ministerios de defensa y menos aún en las fuerzas armadas. La inserción de género responde tanto a cambios globales y luchas feministas (muy bien explicados por Mariel Lucero en Nueva Sociedad No 278), como a una intención más oculta de mejorar el perfil dictatorial de las fuerzas armadas, mostrándose abiertas a las tendencias democráticas e inclusivas.

Por cierto, ya no es una novedad en nuestra región tener al frente de la cartera de defensa a un ministro mujer tal como sucedió con Marta Lucía Ramírez en Colombia, Nilda Garré en Argentina, Azucena Berrutti en Uruguay, Guadalupe Larriva y Lorena Escudero en Ecuador, María Cecilia Chacón Rendón en Bolivia, y Michelle Bachelet en Chile.

Hay tantos otros casos en Europa. Hace pocos días se informó que los presupuestos militares más importantes de los países europeos (Francia, Gran Bretaña, Alemania, Italia, España y los Países Bajos) estaban a cargo de seis mujeres. En otro tiempo, también dirigían la defensa mujeres en Eslovenia, Noruega y Albania. Sudáfrica, la República Centroafricana, Kenia, Guinea Bissau y Etiopía han tenido mujeres ministros de Defensa y también fueron nombradas en Japón, Australia y Georgia.

De igual forma, hay una acentuada incorporación de mujeres en las instituciones militares. Mayormente, las mujeres son ubicadas en funciones subalternas en la administración y los servicios, y no en roles operacionales o de combate, situación que muy lentamente ha ido cambiando en el siglo XXI. La Resolución 1325 de las Naciones Unidas del año 2000, promovió la dimensión de género y reconoció la capacidad de las mujeres en la prevención de los conflictos armados.

Una apreciación superficial respaldaría el rol igualitario de la mujer en la sociedad actual. La igualdad de género es aún una ficción. Se incluyeron nuevas normas y agencias especializadas en el ámbito de la defensa con el objetivo de favorecer la integración femenina.

Por medio de estas normas se pauta la plena incorporación y el respeto, e incluso, se reglamenta sobre la discriminación y el acoso. A pesar de ello, las mujeres enfrentan actitudes y episodios que vulneran sus derechos. Por otra parte, el porcentaje de participación femenina en las fuerzas en América Latina es menor a un 5 %.

No obstante, estos datos muestran un avance en la igualdad de género. Especialmente en instituciones de esencia y apariencia masculina. Detrás de esta ampliación hay explicaciones particulares. Las ministras de Defensa contribuyen a democratizar el área y a vincular a las fuerzas con la sociedad.

Su reciente incursión, menos atada a lealtades históricas entre ministros y militares, permite mejorar el control civil de las fuerzas armadas. Dada la preeminencia de operaciones de paz como misión militar principal, son ministras de paz, no de guerra.

Finalmente, permite limpiar la cara negativa de los militares, ejecutores durante las dictaduras de aberrantes abusos contra los derechos humanos. Con ello, modernizan el perfil institucional, cubren sus espaldas y mudan una pátina belicista por un rasgo más ciudadano. Una mayor participación de mujeres al mando de la defensa podría, tal vez, revertir el creciente militarismo en la región y la exacerbada confianza en el uso de la fuerza. 

Rut Diamint es Profesora, Departamento de Ciencia Política y Estudios Internacionales, Universidad Torcuato Di Tella e Investigadora del CONICET.

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