Marcela Cristini: “La guerra comercial entre los EEUU y China puede ser vista como una crisis y oportunidad para la Argentina”

Volvieron a surgir malas noticias del escenario internacional, nuevamente originadas en la disputa geopolítica y económica entre los EEUU y China, que hicieron renacer las altas vulnerabilidades del frente externo e interno local. Frente a ese cuadro, el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne intentó transmitir tranquilidad a los mercados locales al destacar su confianza en la consolidación del programa local como principal reaseguro frente a esos embates: “Cuánto más sólida sea nuestra posición fiscal, y más creíble nuestro programa, menos nos afectarán los movimientos de las monedas internacionales y los movimientos financieros”.

Marcela Cristini, economista senior de FIEL (Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas) que se concentra en el análisis de la economía internacional (también profesora de la Universidad Torcuato Di Tella en Política y Financiamiento de la Vivienda) también se mostró relativamente optimista, basada en que “toda crisis siempre abre una oportunidad”, pero destacó en una entrevista con Infobae la necesidad de avanzar en acuerdos comerciales unilaterales, porque no ve futuro en el estancado Mercosur, y menos en un convenio del bloque regional con la Unión Europea.

– ¿Qué lectura hace del escenario internacional y sus efectos sobre la economía local?
– En términos del escenario internacional las cosas que le interesan a la Argentina son la estabilidad financiera, esto es la tasa de interés de los Estados Unidos particularmente, y el nivel de actividad del mundo, porque asociado a eso está el desempeño del comercio mundial; y para la Argentina el intercambio con el mundo de bienes y servicios debiera ser una clave de su crecimiento. Desde la crisis de 2009 todos los países emergentes han tenido que enfrentar un clima internacional más bien adverso, hasta qué pensamos que a partir de fines del 2013 estaba en vías de superación, básicamente porque el mundo había vuelto a crecer y el comercio internacional también.

La verdad es que con independencia del boom de los precios de las materias primas que claramente benefició a la Argentina y a los países de América del Sur, ya el mundo traía hasta 2009 un gran impulso de crecimiento de las economías emergentes, a tal punto que estas economías, sobre todo las asiáticas, tomaron la mitad del comercio internacional: de ser el 10% del comercio en 15 años, y empezaron a ser muy competitivas.

– ¿Fue un crecimiento de ida y vuelta, de las exportaciones, pero también de las importaciones?
– Obviamente, porque no se puede hacer crecer las exportaciones si también no aumentan las importaciones en un país en desarrollo, porque son o insumos para las exportaciones; o bienes de capital para las inversiones internas; y en particular el crecimiento de esos 15 años fue con globalización. Eso significa que además se armaron cadenas productivas; las empresas centrales, las multinacionales, en países que les ofrecían ciertas ventajas. Dejaron sus casas matrices en los países donde laboraban la tecnología, como Alemania, los Estados Unidos, y trasladaron parte de sus etapas productivas a las naciones que tenían los recursos naturales o la mano de obra necesaria, sobre todo la mano de obra, en esa etapa, principalmente las norteamericanas se fueron a invertir a Asia, pero, por ejemplo, las alemanas, se fueron a invertir a Polonia, con gran eficiencia, porque es un país que en ese momento de integración con el resto de Europa tenía una mano de obra con habilidades fantásticas, muy por arriba del promedio, como toda Europa del Este, porque estaban llenas de ingenieros y de técnicos.

– ¿Por qué cree que los EEUU inicia una reacción comercial contra la competencia de China, por geopolítica y económica, o por intereses puramente electorales, y complica el panorama mundial?
– La situación es compleja. Creo que hay varias causas, pero la primera es que, por un lado, los Estados Unidos había adquirido hasta el momento de la presidencia de Donald Trump, en términos productivos y comerciales, un rol de generador de tecnologías de punta de la primera economía, Alemania probablemente la segunda. En el marco de la globalización ocurre también un cambio tecnológico fenomenal; y en ese cambio tecnológico que estamos ahora enfrentando en Estados Unidos ocurre que aquellos que trabajaban en los sectores de punta aumentaron muchísimo sus salarios y aquellos que lo hacían en actividades artesanales también; pero la franja intermedia no, quedó con salarios estancados durante mucho tiempo.

– ¿Qué provocó ese estancamiento de los ingresos en los sectores medios de los EEUU?
– Eso tuvo que ver con la robotización, si bien no sé avanzado del todo, la amenaza está. Además de eso, China que ocupaba, al inicio los 90, la parte de abajo en términos de salario medio en la cadena productiva, empezó a escalar y se fue posicionando en empresas muy importantes, que ya tiene nombre reconocidos internacionalmente, adelante en la cadena de valor reemplazando a algunas compañías norteamericanas de alta tecnología. Estas dos amenazas hicieron que una parte importante de los votantes estuviera muy disconforme con cómo iba los Estados Unidos. Mismo síndrome en Europa, con algunas diferencias, porque los europeos tienen más matices nacionales; no es igual en los nórdicos, Alemania o Italia dónde se manifiesta plenamente.

Eso lleva a que ocurra un cambio en la tendencia política de los Estados Unidos y un cambio en las estrategias, porque los nuevos estrategas son de un corte ideológico muy diferente a los anteriores que estaban situados en muy de largo plazo. Mientras que ahora se trata, sobre todo en años electorales, estamos a punto de entrar a uno en 2020, se busca mantener votantes y ganar elecciones. De ahí que se mezclan causas de corto plazo con las de largo.

– ¿Y China?
– Veo a China con un programa de desarrollo explícito que llevó al país de un ingreso por habitante de menos de USD 800 al año a USD 10.000, y lo hizo en 25 años, un éxito fenomenal, y que ahora está diseñado para duplicarlo, con un plan de infraestructura, como el famoso Plan de la Ruta de la Seda. Desde ambos puntos de vista los Estados Unidos perciben amenazas, no su liderazgo geopolítico, quizá también amenazas, a su crecimiento económico.

– ¿Por qué?
– Porque en muchos sentidos esto se parece a la misma situación de Japón en los 90, cuando aumenta su productividad de la mano de adaptar las tecnologías estadounidenses, a través del famoso Ministerio de Industria japonés. En este caso, China toma la tecnología norteamericana, y la adapta para sus fines de crecimiento. El problema es que los que invirtieron en esa tecnología son las empresas norteamericanas. Y China, de algún modo, está imponiendo esa difusión de la tecnología a través de obligar a concretar joint venture, y otros tipos de asociaciones.

– ¿Lo que están haciendo los EEUU y China para defenderse y atacarse comercialmente con suba de los aranceles de importación, está dentro de las reglas de la Organización Mundial del Comercio?
– Claramente no. Hay una discusión en estos días entre los analistas internacionales sobre si forzar las reglas por un rato en realidad no termina favoreciendo al mundo. Fue el caso de los EEUU y Japón, donde también por un tiempito se torcieron las reglas de la OMC de ambos lados.

– El escenario de entonces no era el mismo…
– Exacto. Japón era un aliado estratégico, militar de los Estados Unidos; EEUU había estado en la posguerra dentro de Japón organizando la democracia, era una relación completamente distinta. Ahora observo una relación donde hay una confianza construida a partir de los 70, pero también una desconfianza potencial en la medida en que ambos países son muy grandes, y China no es una economía de fácil lectura, ni la política, ni la economía, para el resto del mundo. Otra de las cosas que ha pasado es que, por ejemplo China y Estados Unidos son el 4% del comercio mundial, no el 15%; pero su vinculación comercial es muy importante: China tiene a Estados Unidos como uno de sus principales clientes de productos finales y por lo tanto no es fácilmente reemplazable, por qué son todos productos de la industria; y por otro lado, los EEUU tiene a China como el principal financiador para sus bonos del Tesoro. Mientras ese acuerdo duró, unos 15 años, había una confianza mutua, no escrita en ningún tratado.

– ¿Qué cambió?
– Que China quiere volver a acelerar el crecimiento de su ingreso por habitante, porque ve que con el modelo anterior ha llegado a un tope, con una economía que se ve bastante más planificada de lo que pensaba; mientras que los Estados Unidos quieren liderar el cambio tecnológico, pero se encuentra con un adversario comercial que hoy que tiene que entender hacia dónde quiere ir.

– Y con un cuadro doméstico complicado por el estancamiento del salario en los sectores medios de su economía…
– Claro. Con toda eso, los EEUU se encuentran con una situación que a lo mejor otra visión política hubiera utilizado más los instrumentos de la Organización Mundial del Comercio, alianzas geopolítica, como con Europa, por ejemplo. Pero en cambio, quiso hacer prevalecer lo que se llama el excepcionalismo norteamericano, porque es por lejos el país que se ha hecho solo, sin alianzas, a partir de su propia creación. Aunque no es tanto así porque nunca estuvieron fuera del mundo, recibieron influencia de la Revolución Francesa, de las inmigraciones inglesas. Pero ellos entienden y, muchos autores lo rescatan eso del excepcionalismo norteamericano, asentado sobre esas ideas eligieron una estrategia agresiva, como es el unilateralismo, que no respeta las reglas del OMC.

– ¿Cómo imagina que eso le afectará a la Argentina, más allá de lo que se estuvo viendo en términos de suba del índice de riesgo país, y volatilidad cambiaria, por la fragilidad del frente externo? ¿Ve nichos de oportunidad, o son todos de crisis?
– No, hay de las dos cosas. Obviamente, si el escenario se pusiera mucho más complicado que no es lo que se espera internacionalmente, porque no está en el ánimo final de ninguno de los contendientes, sobre todo por China quiere lograr su crecimiento y se sitúa sobre bases comerciales y económicas, y no geopolíticas. En ese caso, veo que la Argentina tiene oportunidades y tiene algunos desafíos, algunos riesgos, que enfrentar. Algunos son de corto plazo y ese es el problema.

– ¿Por ejemplo?
– El problema de corto plazo es que la Argentina vende recursos naturales al resto del mundo transformándolos en cereales y oleaginosas. Puntualmente en el mercado de oleaginosas dependemos de China, porque es uno de los principales clientes. Y, lamentablemente, este año no sólo la guerra comercial, como se la está llamando, entre China y Estados Unidos ha dejado más soja en los silos de los Estados Unidos, y por lo tanto tiende a bajar el precio, sino que además en China hay una fiebre porcina que obliga a liquidar el ganado que consume la oleaginosa.

– Ahí está el nudo de la caída de los precios de la soja al menor nivel en 11 años…
– Sí. Por otro lado, lo que está haciendo China es diversificar sus fuentes de abastecimiento de largo plazo y eso beneficia a Brasil y a la Argentina. Inclusive, en estos últimos días hemos visto mayor apertura para la carne vacuna Argentina, y también para la carne porcina. Y una vez que se ingresa, y se prueban los mercados para la calidad que ofrece el país es excelente.

– ¿Eso no puede llegar a generar represalias para la Argentina por parte del gobierno de los EEUU?
– No, porque en realidad la producción del mundo, dado el crecimiento de la demanda lo único que hace es redistribuir clientes. Le venderemos más a otros si China termina comprándole más a los Estados Unidos. La Argentina le vende a más de 130 países; y lo mismo el resto de América del Sur, en pequeñas cantidades, de cereales, oleaginosos, carne vacuna. Sin duda, Europa es un cliente esencial de la Argentina, como lo es China, y no son fácilmente reemplazables, pero no estamos hablando de que China nos deja de comprar. A lo mejor cambia un poco, porque tampoco va a quedar expuesta. Y creo que la competitividad de la Argentina en esos productos es muy alta, y se estuvo reforzándola.

– ¿Afectan a esa competitividad las medidas que tomó el Gobierno de poner retenciones de emergencia, reducir el reintegro de impuestos, subir la tasa de estadística a todas las importaciones, y por tanto encarece algunos costos de producción?
– Eso está dentro de los problemas de crisis recurrentes macroeconómicas de la Argentina. Cuando no era estas medidas de emergencia con fines fiscales, era dejar atrasar el tipo de cambio, como desde 2011 a 2014, y que provocaron que las exportaciones se destruyeran, de USD 80.000 millones a USD 60.000 millones. Fíjese en el gráfico cómo se destruyó el superávit comercial.

– ¿Eso fue más por mérito propio, que por el escenario internacional?
– Absolutamente, el comercio internacional estaba creciendo, y para la Argentina estaba cayendo, por el atraso cambiario. De ahí que si se hace bien la lectura del ciclo económico la Argentina tiene a menudo esos problemas. La diferencia es que, creo, hoy se leen como medida efectivamente de emergencia, mientras se está haciendo una política de fondo que significa, en los objetivos del Gobierno, reducir el gasto público en términos reales, qué es un peso importante de la economía argentina, y que es lo que se requiere para poder bajar los impuestos y poder ser más competitivos.

Por eso la respuesta del sector agropecuario fue inmediata, ya desde la siembra de 2015 se ve que empieza a recuperarse, independientemente de los efectos climáticos que provocaron pérdidas iniciales, primero por las inundaciones y luego las sequías. Y el campo invierte todo en el campo, como se ve en algunos índices de actividad, en particular en la inversión en equipo.

– Algunos critican que se vuelve a primarizar las exportaciones. ¿Es así?
– Hoy se observa que la Argentina tiene una composición de las exportaciones en la que más del 50% corresponde al origen agropecuario, que ha sido el rubro tradicional. Están creciendo en volumen, y eso está bien, porque significa que el esfuerzo exportador está creciendo con independencia de lo que pase de la coyuntura los precios internacionales. Después se ve una participación del 17% de las exportaciones industriales, que básicamente están yendo a Brasil y al resto de América Latina. Ahí se necesita tener imperiosamente mucho más claro el panorama con Brasil. No es solo la situación de China y los Estados Unidos y su guerra comercial.

– ¿Cuál es el problema que observa?
– Que nuestro problema para las exportaciones industriales es nuestro socio brasileño y cómo hacemos para que, sobre todo las que tienen algún grado de vinculación en una cadena brasileño-argentina, vayan a otras partes del mundo; como se recobra la idea de plataforma exportadora para el Mercosur.

– ¿Qué le falta, o directamente lo considera inviable?
– Lo que está haciendo falta es lo mismo que hacía falta hace 25 años, que salgamos y hagamos algo, como hicieron los países de la Alianza del Pacífico: hacer acuerdos comerciales bilaterales. Eso no lo estoy viendo. El Acuerdo con la Unión Europea no va a ocurrir en el corto plazo y el resto que hay en carpeta no está avanzado. Eso se ve con claridad en un gráfico comparativo con otros países del grado de apertura de la economía de la Argentina y Brasil, exportaciones más importaciones dividido dos y luego dividido el PBI.

– El Gobierno dice que se han abierto muchos mercados ¿Es así?
– Es cierto que se han hecho esfuerzos muy importantes en señalar que quiere volver al mundo; en las relaciones bilaterales; mostrar que puede ser un país muy buen abastecedor de alimentos; que se han hecho buenos acuerdos con China; participado en todas las negociaciones; liderado el G-20. Se ha mostrado que se está al inicio del camino, pero también hay que hacer el trabajo interno de mejorar la competitividad, sin trenes, ni rutas, no se podía aspirar a mucho. También se armó la Ley Pyme; hay preocupación por la competitividad que sería permanente en el Gobierno, más allá de las crisis que se inició el año último.

Pero, hay aspectos que tienen que ver con la negociación con el Mercosur, pero ahí los tiempos políticos no ayudaron porque recién acaba de asumir Jair Bolsonaro y comienza a verse a dónde quiere ir; mientras que la Argentina está en plena etapa de elecciones. Por tanto se está siempre en diferente sintonía, o política, o económica. Por eso creo que, a lo mejor, hay que pensar en ser muy realistas con el Mercosur y en hacer la lista de cosas que sí queremos hacer juntos, y hacer la lista de cosas que no podemos hacer; y ser menos ambiciosos.

– ¿Qué otro punto resaltaría del intercambio comercial de la Argentina?
– La Argentina es un país que está más abierto en mercado de capitales que en el mercado comercial. Y se sabe que el mercado de capitales tiene alta volatilidad, y por tanto desestabiliza más rápido.

– Y las consecuencias son peores, porque afecta al índice de riesgo país, impulsa la devaluación, y la inflación…
– No es una situación sencilla, pero es un escenario que conocemos, que hemos transitado infinidad de veces. Soy optimista, porque la Argentina sigue siendo una economía importante a pesar de la declinación de años que tenemos, mientras que la mayoría de los países latinoamericanos han crecido en ingreso per cápita. Pero todavía el país está sentado sobre una riqueza en materia de combustibles y en que el Gobierno ha recuperado como un mercado de exportación, en un contexto en el que, además, vemos un cambio a futuro en las fuentes de energía.

– Entonces, ¿usted es optimista a mediano  plazo, a pesar de la coyuntura económica  y política?
– Sí. Lo que digo es que, más allá de algunos aspectos estructurales que tienen que ver con recuperar el capital humano que habitualmente caracterizaba a las exportaciones de la Argentina, porque tenía muy buenos técnicos detrás. Eso es un problema, porque ahora son otros los técnicos que necesitamos de la mano de las nuevas tecnologías. Pero por el otro lado se sigue teniendo un potencial en recursos naturales que le permite al país financiar desarrollo; es decir financiar la transición hacia una economía mucho más compleja; si se quiere a la canadiense, a la australian, donde todavía en esta última más del 40% de sus exportaciones siguen siendo de recursos naturales.

Nosotros tenemos que hacer lo mismo. Seguir pensando en que con una muy buena intermediación financiera; con productores agropecuarios muy aggiornados; con cadenas de valor que terminen en alimentos; sobre la base de esa de esa riqueza que nos provee de exportaciones y financiamientos en una transición, se podrá ir  recuperando la actividad con la nueva modalidad de servicios exportables y de industria de punta exportable, asociados a las nuevas tecnologías. La Argentina no debería tener problemas. La restricción que tiene es que no  ha logrado organizarse crecientemente, para poder aprovechar todos los recursos.

Pero lo que ha hecho la Argentina fue desorganizarse crecientemente, sobre todo en los últimos 15 años. Pero no es una incapacidad intrínseca del país, se puede solucionar, por lo tanto no debería ser poco optimista. Lo único que necesitamos es un escenario de tranquilidad política y social, sumada al logro de la estabilidad económica para organizarnos, tanto el sector privado, como el sector público argentino que tiene que ser más eficiente.

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