Lina Meruane: “El consumo exacerbado también se ha trasladado a la escena de la maternidad”

A la escritora y ensayista Lina Meruane la combinación entre el fuego de su decisión de vida de no procrear y su formación como analista social la llevó a pensar y repensar un tema central de las mujeres contemporáneas: la decisión de muchas de no tener hijos, la decisión ferviente de otras de tenerlos, las fuerzas que operan en los sistemas que nos organizan como sociedad y que impactan en los cuerpos de las mujeres. Encaró estos temas en el libro Contra los hijos y lo actualiza a través de distintos ensayos que versan sobre las lógicas sobre las que se sostienen prácticas que van desde el “parto exprés” hasta el congelamiento de óvulos, y a las que califica como “trampas”.

En sus ensayos usted habla de un péndulo histórico que empuja a las mujeres a tener más o menos hijos de acuerdo a las funciones requeridas por el Estado y la sociedad. ¿Cómo es el momento actual a nivel mundial?

-Estamos en un momento más conservador, en el que a las mujeres se las está empujando a tener hijos, a quedarse en sus casas y hacer un trabajo que en realidad le corresponde al Estado, a las políticas públicas. Incluso en términos educativos, la cantidad de tarea que a los niños se les manda la están supliendo solo las mujeres. En muchos niveles se las ha recargado de presión, pero a esa presión se la llama amor, solidaridad, afecto… y no digo que no lo sea y que eso no sea muy importante, pero tenemos que recordar que esto está pasando porque el estado capitalista depende de este trabajo femenino, materno invisible. Y también cuando el Estado se retira, entra la religión, con sus discursos “pro-familia”, con sus estructuras de afecto, con sus estructuras de orden, y las religiones en general son las que promocionan la maternidad. Son las más conservadoras en términos de la idea de familia, de los roles dentro de la casa, de los roles sexuales y de sus propias ideologías de género.

¿Están siendo juzgadas negativamente las mujeres que deciden no tener hijos?

-Sí. Cuando publiqué Contra los hijos encontré muchas mujeres que lo agradecían porque me decían que les había permitido entender de dónde venía la presión social, visibilizarla. Ahora podían verla en preguntas como ¿Cuándo vas a tener hijos? ¿Por qué no vas a tener hijos? ¿Estás enferma? ¿Tienes un problema? ¿No serás lesbiana?

Usted llamó a la maternidad “un dogma contrarrevolucionario”… -Si la revolución es liberación, la maternidad vendría a ser justo el ejercicio contrario, porque es lo que manda a las mujeres a la casa, cuando la revolución las pone en la calle. ¿Y qué pasa con el deseo de la mayoría de ser madre?

-Una cosa es la observación sociológica y política de lo que pasa con la realidad de la maternidad, y otra el deseo personal y cómo lo resuelve cada una. Lo que trato de pensar es cómo se pueden leer las decisiones personales y cómo operan en lo macro, en el promedio. Luego uno encuentra un montón de mujeres que han tenido hijos y que igual están en la calle. Las Madres de Plaza de Mayo, por ejemplo, que estaban en la calle no necesariamente porque todos los hijos desaparecieron, muchas veces uno de ellos, o el marido, pero igual había otros hijos y también modos de la solidaridad para después hacerse cargo de ese cuidado.

¿Qué otras “trampas” nos tiende el sistema?

-Una de ellas es la de las lógicas del parto exprés, este aumento increíble de la cesárea cuando no se necesita, para productivizar el parto y el tiempo. Son lógicas híper- productivas, que están muy mediadas por la figura del médico que tiene que hacer ocho, diez partos al día, que va de mujer en mujer corriendo, cortando, y las mujeres reciben mucha presión en ese momento porque se les dice que el hijo está sufriendo, para que acepten la cesárea. Y luego también están las trampas de las tecnologías reproductivas…

¿En qué sentido es una trampa? Porque ayuda a muchas mujeres y varones a lograr la maternidad y paternidad cuando hay problemas médicos….

-Me refiero sobre todo a la congelación de óvulos, un sistema de la llamada prolongación o preservación de la fertilidad en la que, en realidad, las mujeres están puestas a pagar, mujeres que incluso son fértiles. Porque una cosa es estar enferma, haber tenido un tratamiento de quimioterapia o ser infértil por otro motivo y necesitar la criopreservación, y otra lo que está apareciendo: esta presión y esta oferta de óvulos que además es un procedimiento muy caro. “Congela (y haz lo que tu quieras ahora), para que después mañana puedas tener hijos”; sí, pero hay una trampa. Es un sistema muy caro que tiene un nivel de éxito muy bajo. Sólo 10% de esos óvulos terminan en bebés nacidos vivos.

De acuerdo a cifras de la Sociedad Argentina de Medicina Reproductiva se usan 3 de cada 10 óvulos que se congelan. ¿Lo ve casi como una especie de respaldo psicológico?

-No sé si un respaldo psicológico. Una especialidad del mercado es crearnos deseo de cosas que no necesitamos, como si eso fuera a arreglarnos la vida, a completarnos lo incompleto, a hacernos felices. Y este inventivo del consumo exacerbado también se ha trasladado a la escena materna. No estoy en contra de las tecnologías reproductivas. Lo que digo es: ojo con quien se lleva la plata acá, con el hecho de que hay un falso incentivo, una promesa que podría ser falsa. Ojo con cuántas rondas de criopreservación, con cuánto dinero inviertes. Son cifras muy importantes a las que muchas mujeres llegan con esfuerzo, mujeres que no tienen casa propia, o se quedaron sin trabajo, pero como que esto les da la esperanza de un futuro.

Señas particulares

Lina Meruane, escritora y ensayista, nació en Chile hace 49 años y reside en Estados Unidos, donde da clases de escritura creativa en la Universidad de Nueva York. Es autora de cinco novelas, un libro de cuentos y cuatro de “no ficción”, entre ellos Contra los hijos, ensayo-diatriba (2018). Ha sido traducida a cinco idiomas y ganó premios literarios como el Sor Juana Inés de la Cruz, además de una Beca Guggenheim. Estuvo en Buenos Aires invitada por la Universidad de Tres de Febrero para participar del Coloquio Internacional “Los mil pequeños sexos”.

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