La disputa con EE.UU. le crea un dilema a China

Por AMY QIN

BEIJING — Qi Haohan describe con orgullo las veces que ha saltado y hecho piruetas con bailarines estadounidenses sobre escenarios de China, y cuenta como influencia importante a Daniil Simkin, un bailarín principal del American Ballet Theater.

Sin embargo, pregúntele sobre la guerra comercial de China con Estados Unidos y la admiración de Qi por EE.UU. se evapora.

“La decisión estadounidense de aumentar los aranceles sólo traerá su propia destrucción”, afirmó Qi, de 25 años, que es bailarín en el Ballet Nacional de China.

La opinión de Qi es un ejemplo de las actitudes complejas y a veces contradictorias hacia EE.UU. por toda China, una relación de amor-odio que presenta un reto i­nusual para el gobernante Partido Comunista y su líder, Xi Jinping, a medida que intenta defender su imagen en casa en medio de una férrea guerra comercial.

La dividida opinión popular —y la ambivalencia respecto a EE.UU., aún entre algunos de sus fans (y críticos) más fervientes— le dificulta a Beijing ser demasiado duro con su rival. Pero si hace demasiado poco, el partido se arriesga a lucir débil.

Desde hace mucho tiempo, el pueblo chino ve a EE.UU. como fuente de inspiración, con sus rascacielos relucientes, fuerza económica y poderío militar incomparable. Pero también lo ve cada vez más como un rival estratégico —un punto de vista impulsado en parte por orgullo en el ascenso de China, y por la propaganda partidaria, que durante mucho tiempo retrató a EE.UU. como un país hostil e imperialista que trata de reprimir a China.

Aunque China tiene formas de apoyar su economía, hay inquietudes profundamente arraigadas de que no está lista para un impasse prolongado. A final de cuentas, eso podría ser contraproducente para el partido, que basa su legitimidad en su capacidad de generar un crecimiento económico continuo.

Por otro lado, si los líderes chinos actúan con demasiada cautela, podrían lucir ineptos ante una población nacional que, en años recientes, se ha sentido más segura del estatus de China como una potencia en ascenso.

Lo que alguna vez fue un entusiasmo romántico por EE.UU. entre muchos chinos ha dado paso a una admiración austera, si no una decepción total, a medida que la gente empieza a conocer mejor a EE.UU. y sus problemas se han vuelto más claros.

De acuerdo con el más reciente sondeo a nivel nacional realizado por el Centro de Investigación Pew, publicado en 2016, el 45 por ciento de los chinos veía el poder y la influencia estadounidense como una amenaza importante a su país, comparado con un 39 por ciento en 2013. Más de la mitad de los chinos creía que EE.UU. trataba de evitar que China se volviera tan poderosa como ella, arrojó la encuesta.

Esa tendencia bien se pudo haber acelerado en el último año, que ha visto a las dos economías más grandes del mundo librar una guerra comercial prolongada y una disputa respecto a Huawei, el coloso chino de las telecomunicaciones. Estados Unidos también ha endurecido las restricciones a las visas para estudiantes y académicos visitantes de China, medidas que dice están dirigidas a frenar el espionaje y el robo de propiedad intelectual.

“No estamos asustados. China tiene dinero”, aseguró Amanda Lin, de 36 años, en un Starbucks en Beijing. Dijo que la compañía manufacturera china para la que trabaja había sido duramente golpeada por la más reciente ronda de aranceles. “Quizá tengamos que sacrificar un poco en el corto plazo, pero si no luchamos, entonces sufriremos a un plazo más largo”.

La cultura estadounidense está tan profundamente incrustada en China, señalan los expertos, que sería imposible boicotear los productos del país, como China lo ha hecho con bienes de Japón y Corea del Sur cuando estaban en su apogeo las tensiones con esos países. A muchos chinos les encantan sus iPhones y langostas importadas de Boston, y son fans de éxitos televisivos de EE.UU. como “House of Cards” y “Modern Family”.

Muchos expertos indican que los líderes del partido se preparan para un período prolongado de competencia con Estados Unidos. Preparar a la opinión pública para ese futuro, dicen algunos, requerirá adaptarse a la creciente confianza cultural de la generación más joven.

“La generación mayor de chinos respetan y temen a EE.UU., fuimos criados para creer que era superior y nosotros éramos los de­samparados”, dijo Wang Xiaodong, un escritor nacionalista. “Pero la perspectiva de los chinos jóvenes es diferente. No te respetan, y tampoco te tienen miedo”.

© 2019 The New York Times

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