Daniel Melingo: “Para nosotros no existe otro filtro que no sea el tango”

Cuatro décadas pueden caber en una semana, aún tratándose del vasto universo creativo de Daniel Melingo. Músico de formación académica, protagonista de la seminal experiencia del rock argentino en los años 80, ahora considerado uno de los cantores de tango más relevantes del mundo, llega el momento en que su obra sea objeto de una (merecida) retrospectiva.

Así se plantea en el CCK Universo Melingo: una semana de música, poesía y cine, el ciclo que comenzó el pasado sábado 28 de septiembre con un recital de orquesta típica en el Auditorio Nacional y concluirá este fin de semana con dos shows en la Sala Argentina, al frente de una nueva banda electrificada con la que adelantará canciones de un nuevo disco, Oasis, que será publicado en marzo del año próximo.

“Ver mi obra con proyección retrospectiva no es poco, es un honor”, dice el personaje en cuestión a Infobae Cultura en una oficina del magnífico centro cultural, justo en medio de “su” semana que además incluye una charla con Luis Alposta, vicepresidente de la Academia Argentina de Lunfardo y co-equiper letrista de varias de sus nuevas canciones; y la proyección de tres películas en las que actuó. Una de ellas, un documental ficcionado que coquetea con el sub-género del “mockumentary” (parodia de documental), dirigido por Mariano Galperín titulado Su realidad y que retrata el detrás de la escena de una de sus tantas y exitosas giras europeas. Porque, en un rápido flashfoward desde los 80 al presente, hay que decir que Melingo ahora es un artista global del tango que despierta ovaciones en cualquier teatro de Budapest, Praga o Lyon.

Más allá de eso, Melingo es un personaje central de la música popular argentina de los últimos cuarenta años. Integró la segunda y más popular formación de Los Abuelos de la Nada, con Miguel Abuelo al frente y un joven Andrés Calamaro asomando al estrellato; concibió junto a Pipo Cipolllati Los Twist, la banda más irreverente e ingeniosa de la primavera democrática de los primeros años de Alfonsín y todo en paralelo, formó parte de las bandas del primer período solista de Charly García, circa Yendo de la cama al living, Clics modernos y Piano bar, una trilogía insuperable. Y ahí estuvo él.

“Todo era contemporáneo. Tocaba con Charly, habíamos grabado la música de la película Pubis angelical y Yendo de la cama al living, estaba en Nueva York grabando Clics Modernos. Y se habían editado La dicha en movimiento, y Vasos y besos. Con esos dos casi a la vez, estábamos en los primeros puestos de los rankings de ventas de discos -en esa época se contaban por miles- con Michael Jackson. Alternaban Vasos y besos, La dicha en movimiento y Thriller. Fueron seis o siete semanas de furor total, a fines del 83, verano del 84”, recuerda hoy.

Después de todo aquello, se fue a Europa en 1986 y comenzó otra historia. “Sentía que había tocado techo y tenía hambre de más, ya estaba con el proyecto de Lions in love y me había propuesto que mis necesidades artísticas estuvieran por delante. Empecé de cero. Ahí aprendí bien el oficio de productor en estudio, que ya lo había ensayado con Bares y fondas de los Cadillacs y en algunos discos de Los Twist. Es que me apasiona la producción en estudio, el laboratorio… La investigación a la hora de grabar”, cuenta. Parte de esa búsqueda iniciada con una banda casi “europea” (los Lions), que experimentó con híbridos que habrían de dejar huella, como el acid-jazz y la psicodelia aplicada a la música electrónica, habría de concluir en esta actual versión tanguera. Parte del viaje. “Nunca fue para mí un planteamiento de ruptura de una etapa con la otra, sino de agrupar los conocimientos”, razona.

¿Dónde crees que empieza esta historia de amor con el tango?

– Nací en el Hospital de Clínicas, crecí entre Balvanera y Parque Patricios. Soy 100 % porteño, criado con abuelos inmigrantes: mi abuelo era griego, mi abuela italiana (cantante de ópera). Por el lado de mi vieja eran de Parque Patricios, muy milongueros, habitués de Huracán, gente de tango. Porque… Como argentino te diría que para nosotros no existe otro filtro que no sea el tango. Incluso a pesar nuestro (risas). Algunos lo vemos más, otros menos. Pero nuestro foco, nuestro tamiz, nuestro riñón, es el tango. Todo pasa por ahí de una forma o de otra, en una época u otra. El tango está muy presente sobre todo siendo porteño. Es inevitable. Y mi laburo es una mirada hacia adentro de todo eso. No dejo de encontrar antecedentes de ADN en mi sangre, y más en los últimos 15 años que no paro de viajar por Europa. Realmente ahí puedo constatar de dónde viene el ADN del tango, siempre filtrada por nuestras alcantarillas como me gusta decir… El tango es una música de cámara europea pasada por nuestras alcantarillas.

Cuando salió tu primer disco de tangos sin embargo, resultó toda una sorpresa. Vos tenés una formación académica que luego te condujo al rock ¿Cómo fue esa historia?

– Es que inicié en la música clásica y en el tango, pero mis primos un par de años mayores que yo, ya en los 60 escuchaban a los Rolling Stones, los Beatles y Creedence. Ingresé auditivamente al rock por ellos. Después de la mano de un gran amigo mío, Miguel Zabaleta, lo conocí a Cachorro López y supe del proyecto de hacer de nuevo Los Abuelos de la Nada. Cuando Miguel volvió a la Argentina en el 81, en principio era el Miguel Abuelo Trío con Miguel, Cachorro y yo. Después se agrandó a sexteto con Andrés (Calamaro), el vasco (Bazterrica) y Polo (Corbella).

¿Qué es lo primero que se te viene a la cabeza si tenés que hablar de Miguel Abuelo?

Era un prócer, una persona fantástica. Un callejero ilustrado, ¿entendés? Un tipo con el que podías hablar de Marechal, de la Biblia y al mismo tiempo, si te miraban mal unos tipos en la esquina, podía agarrarse a trompadas con ellos. Iba de un extremo al otro con una naturalidad asombrosa. Esos años de los Abuelos los viví muy inconscientemente. Estábamos debajo del ala de Miguel y eso era todo una experiencia. Para mí fue una escuela. Yo nunca había tocado rock, yo tocaba el clarinete en sí bemol y me pusieron a tocar en mí mayor… Lo tuve que aprender y para mí fue una escuela práctica de alto vuelo.

Cuando te fuiste a Europa y dejaste atrás esa etapa de “estrellato”, iniciaste otra búsqueda sonora ¿Qué pasó para que eso sucediera?

– La investigación a la hora de grabar. Yo vengo de una formación de música contemporánea, mis maestros fueron Francisco Krefeld, Rodolfo Arizaga, Pompeyo Camps… Siempre tuve la inquietud de la investigación sonora, y eso lo fui mezclando con mi evolución dentro de la música popular y mis intenciones de compositor. El disco de Lions in love tiene mucho de eso, es el comienzo de lo que vendría. Después de los Lions y de mi vuelta a la Argentina en el 94, hice un disco de reggae con Cachorro en el estudio de Spinetta pero ya me estaba picando el bichito del tango. Que también fue un experimento. Tango bajos, el primer disco, fue eso. Con los conocimientos que tenía, mis inquietudes como compositor y mi experiencia como productor, le di forma. Y salió bien. A partir de ahí encontré el rumbo de estos últimos veinte años. En Lions in love había experimentado con una suerte de tango electrónico. Pero todo sucedió cuando volví. Me marcó un camino a seguir.

Mucho tuvo que ver también tu búsqueda poética. Compusiste tangos ajustándote al lunfardo, otra “excentricidad”…

– En los textos busqué la motivación para todo esto, era como una excusa para sostener el andamiaje musical. Me involucré mucho con el lunfardo porque es el idioma para escribir tangos… Ahí comienza mi sociedad con Luis Alposta. Y dentro de ese camino, fui buscándome a mí mismo. Eso que ni siquiera se puede averiguar en un árbol genealógico. La búsqueda interior dio paso a estos 10 discos. Por decirlo de alguna manera fui pasando de un proto-tango -tangos bajos con guitarra, medio desafinado, medio a lo Twist- a la música de un linyera más sofisticado de los últimos discos. Un tipo que estaba muy bien vestido, de gala, y le explotó una bomba al lado… (risas).

*“Universo Melingo: una semana de música, poesía y cine” – CCK (Sarmiento 151).

Sábado 5 de octubre, 16h. Auditorio 612

Cine: “Lulú”, de Luis Ortega

(No requiere reserva previa de entradas: se ingresa por orden de llegada, hasta agotar la capacidad de la sala)

Sábado 5 de octubre, 20h. Sala Argentina

Concierto: MELINGO, su nueva banda

(Las entradas se pueden reservar www.cck.gob.ar. También se pueden retirar personalmente, de 12 a 19 hs en Sarmiento 151, hasta agotar la capacidad de la sala)

Domingo 6 de octubre, 16h. Auditorio 612

Cine: “Su realidad”, de Mariano Galperín

(No requiere reserva previa de entradas: se ingresa por orden de llegada, hasta agotar la capacidad de la sala)

Domingo 6 de octubre, 20h. Sala Argentina

Concierto: MELINGO, su nueva banda

(Las entradas se pueden reservar www.cck.gob.ar. También se pueden retirar personalmente, de 12 a 19 hs en Sarmiento 151, hasta agotar la capacidad de la sala)

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