Cristina vuelve al peronismo

Con la decisión que tomó en estas últimas horas guardo la impresión de que Cristina Fernández de Kirchner, después de muchos años, está volviendo al peronismo.

Imaginariamente, la ex presidenta actuaba como si hubiera sido expulsada del Movimiento desde el 1º de Mayo de 1974. Eso nos lo hizo sentir en todos estos años cuando ponderaba a Evita y nada decía en público del General. Digo en público porque en privado, cuando le fueron a pedir una ayuda del Estado para levantar un monumento a Juan Domingo Perón, lo único que respondió fue: “Para ese viejo de mierda ni un peso”. Una exclamación cuasi montonera sobre el Perón cuya imagen solo sacaba a pasear cada vez que había una elección. A diferencia de Cristina, Mauricio Macri, Hugo Moyano y Gerónimo “Momo” Venegas rindieron un homenaje a metros de la Casa de Gobierno.

Pero convengamos que también Perón dijo muchas cosas desde su exilio madrileño que no llevó adelante después del 20 de junio de 1974. Lo he contado varias veces pero pocos lo recuerdan. Nadie cita su confesión íntima a Antonio Puigvert, su médico personal, poco antes de volver definitivamente a la Patria: “Mire, Puigvert. En estos años he estudiado mucho, he revisado mucho y me he dado cuenta de los errores que cometí en mi primer período. Errores que voy a hacer lo posible de no repetir. Como yo ya tengo conciencia de lo que es gobernar, no volveré a caer en ellos”.

¿Por qué no debo imaginar que Cristina, en la soledad de sus residencias, llegó a una conclusión similar? No me voy a dejar arrastrar por las innumerables pasiones que ella despierta en miles de ciudadanos y le voy a dar un modesto crédito, aunque para muchos es imposible. Por ejemplo, la noche de la presentación de su libro “Sinceramente”, pudiendo ser Evita habló como Perón. Ponderó a José Ber Gelbard, quizá, ignorando que el ex Ministro de Economía (1973-1974) fue el coordinador principal de la caída de Héctor J. Cámpora. Me hizo gracia observar cómo el público de adentro y de afuera (“La Cámpora”) aplaudía estrepitosamente la figura de Gelbard.

Antes de adentrarme en el presente intento explicar de una manera peronista su autodeterminación de ser vicepresidenta. Pasando la sorpresa inicial y buscando un antecedente, en enero de 1962 Perón convocó al sindicalista Andrés Framini para ofrecerle ser candidato a gobernador del justicialismo en la estratégica provincia de Buenos Aires.

El ofrecimiento lo dijo con las siguientes palabras: “Andrés, usted ahora va a dejar de ser caballo para ser jinete”. Bueno, tras decir esto le dijo que él iba a ser su candidato a vicegobernador, es decir el “caballo”. Para desplazarlo, en la Argentina de aquellos años se encontró que Perón no figuraba en el padrón electoral y fue inteligentemente reemplazado por Francisco Marcos Anglada y con la victoria bonaerense renunció el presidente Arturo Frondizi porque no pudo resistir las múltiples presiones castrenses. Los encarnizados opositores tratan a Cristina de “yegua” y ella los escuchó. Por lo tanto va de vicepresidenta.

Acercándonos varios años más al presente de Cristina y de Alberto Fernández debo revelar un secreto. Cuando Cristina fue candidata a primera mandataria en 2007 ambos tenían la íntima esperanza de enmendar varios errores estratégicos en el campo de la política nacional y exterior.

En ese tren, en julio de 2007, viajó a Palma de Mayorca, España, y el Rey Juan Carlos suspendió por unas horas sus vacaciones de verano para recibirla en el Palacio Marivent.

Los pocos que saben el contenido de su discurso en esos momentos aseguran que Cristina expuso un plan de gobierno que solo estaba en su imaginación y en las mentes de Alberto Fernández y Carlos Bettini, el entonces embajador argentino en Madrid. Sus palabras transmitieron un llamativo cambio a la gestión de su esposo: respeto a la institucionalidad, limpieza de elementos corruptos del gobierno nacional y una sutil alteración de la política económica que dejó esperanzada a la colectividad empresaria de Madrid. Sus palabras tuvieron la vigencia de unas horas porque el llegar a Buenos Aires Néstor Kirchner, no sin violencia, las tiró al cesto de la simple e impracticable “expresión de deseos”. ¿No será que los dos intentarán poner en práctica, con la comprensible adaptación a los tiempos, la vuelta a esos viejos sueños? Si es así lograrán acrecentar el espacio que comandan pero tendrán que decirlo claramente en la campaña.

Hay quienes en informes de circulación restringida dan nombres para asesorar a los candidatos en materia económica que poco y nada tienen que ver con Axel Kicillof. Alberto Fernández conoce muy bien ese mundo e intentará con el empresario algún tipo de componenda. Es el “círculo rojo” tan maltratado y ahora mimado por Mauricio Macri. Lo mismo que con la prensa mayor y otros medios. Todos están de una u otra manera en la agenda del candidato.

Despojándome de cualquier fanatismo, ¿por qué debo imaginar que Alberto Fernández habrá de ser una suerte de Héctor J. Cámpora y que Cristina intentará convertirse en Alejandro Gómez, el vicepresidente que conspiró contra Arturo Frondizi?. No lo podrán ser porque si la fórmula se abre camino en la dirigencia política y empresaria, el electorado, estimo, no lo va a aceptar. Ahora, ¿quién me asegura que Cristina va a ser finalmente la candidata a vicepresidenta? ¿Por qué no pensar que se podría sacrificar bajándose de la fórmula en beneficio de “la Patria y el Movimiento” -como citó en su aviso electoral de estas horas- para incorporar a otro candidato a vicepresidente que traiga en sus alforjas un importante caudal electoral y territorio?

El lector se preguntará si ella ha cambiado su personalidad, aquella con la que sometía al destrato de propios y ajenos. Por el momento se la observa ensayar otro estilo aunque personalmente tenga serios reparos. Habrá que dejarla caminar, como afirma el refrán.

Para terminar debo tratar dos cuestiones que se analizan en el exterior. La primera es la situación procesal de Cristina Fernández de Kirchner, porque en poco tiempo más deberá rendir cuentas a acusaciones muy serias “sobre la ruta del dinero K” y otras causas. Unos hablan de pruebas más que concretas sobre desfalcos cometidos desde el Estado que ella presidía y que no solo los permitió si no que los dirigió. Otros dirán que es más pobre que el Perón que se exilió en 1955.

Los jueces tienen la palabra sobre este espinoso asunto. Si siendo culpable de innumerables delitos se la exime, que los argentinos se olviden de inversiones productivas importantes. De esas que habló Alberto Fernández en su primer contacto con la prensa como candidato.

La otra cuestión es que si Alberto y Cristina triunfan la Argentina se transformará en Venezuela. Intento ser más sensato y estimo que se intenta tomarlo como elemento de campaña electoral. Generar miedo en el electorado. La Argentina no será Venezuela por la simple razón de que los cubanos no manejan los puntos vitales del Estado y, además, las fuerzas armadas –aunque desfallecientes— no lo aceptan. Lo mismo que los principales partidos políticos argentinos. El “chavismo” sólo se refleja en el espejo en el que se miran algunos sectores impresentables del kirchnerismo.

La moneda está en estos días en el aire y todo es posible. Tan posible como que se reiteren por los medios de comunicación conceptos muy críticos y severos de Alberto Fernández sobre la gestión presidencial de Cristina Kirchner en el pasado, como fueron críticos algunos discursos de Raúl Alfonsín sobre Fernando de la Rúa en 1982-1983. Ni qué hablar de lo que sostenía del dirigente conservador Francisco “Paco” Manrique. Debo recordar al lector que para llegar a la Casa Rosada, Alfonsín acrecentó su caudal electoral gracias al senador De la Rúa y “Paco” Manrique, con el tiempo, fue incorporado al gabinete presidencial.

Como dije, la moneda está en el aire. Cómo caerá dependerá de múltiples y gravitantes factores económicos y sociales y Mauricio Macri tiene la palabra. Cada vez más devaluada.

Habrá que observar atentamente los pasos que dará el “peronismo republicano” del que habló el gobernador Juan Schiaretti la noche de su victoria en Córdoba y también considerar qué opinan los socios radicales del primer mandatario. Mientras tanto, en medio de las severas acechanzas de todo tipo a que es sometida la sociedad, la moneda sigue girando.

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