Cómo es el trabajo que realizan las ONGs para salvar a los caballos del “campo del horror” de Ezeiza

Más de 50 caballos murieron y en los próximos días ocho serán sacrificados porque el análisis de “Anemia Infecciosa Equina” les dio positivo. La tristeza invade a las voluntarias que desde hace cuarenta y cinco días apenas duermen por cuidar de los cientos de animales que fueron descubiertos tras un allanamiento. Muchos nacieron allí y se cree que otros tantos fueron robados; todos estaban acopiados, mal alimentados y no habrían recibido atención veterinaria en sus vidas. El detrás de escena, según aseguran los proteccionistas, es la faena equina y la tracción a sangre.

El acopio descubierto el 20 de agosto último fue uno de los más grandes de Argentina: más de 400 yeguas, potrillos y caballos fueron encontrados en un lote de 460 hectáreas de la localidad de Tristán Suárez, en el partido bonaerense de Ezeiza. Fue la denuncia de una mujer en el Ministerio de Seguridad la que dio el alerta. Hasta allí llegó la policía provincial que, más tarde, comprobó lo que avisó la testigo: había animales desnutridos, maltratados y presuntamente robados. 25 fueron encontrados muertos durante las requisas y otros 20 perdieron la vida en los días sucesivos. Ahora, casi una decena espera la inyección letal.

Cuando ingresé al campo del horror por primera vez me pregunté ‘¿por dónde empiezo?’. Fue abrumador no saber por dónde empezar, qué hacer… Me sentía muy impotente porque entonces no eramos damnificados en la causa y no podíamos opinar mientras veíamos que se estaban haciendo las cosas mal; no podíamos hacer nada. Solo restaba esperar a que algún caballo se cayera para poder sacarlo de ese infierno porque si se caía lo podíamos llevar a otro lugar”, reveló a Infobae Florencia Sampietro, presidenta del Centro de Rescate y Rehabilitación Equino (CRRE), la ONG que desde el primer momento está al cuidado de los animales.

“Los primeros días fueron de impotencia y bronca”, agregó y lamentó que los nervios le jugaron una mala pasada al punto de perder la voz: “Ya estoy acostumbrada a la muerte, a ver animales muertos o que se me mueran, pero esto era como un dominó, caía uno al lado del otro. ¡Fue terrible! Los llevábamos en grave estado y al otro día morían”.

Durante ese primer tiempo en el predio de Ezeiza caían, en promedio, cinco caballos por día debido a la debilidad que tenían. Las voluntarias los estabilizaban en el lugar: “No nos dejaban que los llevemos a otro sitio excepto que estuvieran en situación crítica, al borde de la muerte”.

En esa situación, nunca antes vista, los equipos de CRRE y Caballos de Quilmes —dos ONG que se dedican a rescatar equinos maltratados por la tracción a sangre— comenzaron a prestar ayuda aún cuando era poco lo que la fiscal María Eugenia Garrido, integrante de la UFI N° 1 descentralizada de Ezeiza, les dejaba hacer por resguardo de la causa.

Pasadas las primeras semanas, el municipio levantó unos corrales para separar a los caballos según su estado clínico y pusieron una manga para medicarlos y extraerles sangre a fin de comprobar si alguno tenía anemia equina, un foco infeccioso contagioso. “Hacer el sangrado les llevó dos semanas”, se quejó Florencia debido a que la situación crítica ameritaba otros tiempos. “En ese lapso no los separaron, solo se hizo el sangrado y Agroindustria de la provincia se ocupó del registro de las marcas de cada animal”.

La triste noticia llegó cuando los análisis dieron positivo en nueve caballos: “De ellos uno murió y los otros estaban con la manada, pero como en ese momento no eramos tenedores judiciales no podíamos hacer más”.

“​​La anemia infecciosa equina (AIE) es producida por un retrovirus muy parecido al del sida en los humanos, que está continuamente mutando y por éste motivo no existe vacuna”, explicó a Infobae Mariano Coslovich, médico veterinario (MN 7836) que asiste a los caballos del campo de Ezeiza. “Afecta exclusivamente a los equinos y su forma de contagio es a través de un vector, los insectos hematófagos (principalmente los tábanos y algunas moscas que pican y consumen sangre) o a través de objetos que tengan sangre infectada y que generen una lesión en el animal”, aseguró el miembro de Areca ONG.

Los síntomas clínicos de la enfermedad son fiebre aguda, hemorragias, anemia, perdida de peso y en algunos casos provoca la muerte. “Muchos superan el cuadro clínico y quedan como portadores” , continuó el veterinario y amplió sobre por qué se determina el sacrificio del animal: “En la Argentina el SENASA regula la actuación ante un caso de AIE, con una normativa. Aunque a muchos nos duela la reglamentación dispone que la AIE es una enfermedad de denuncia obligatoria, por eso cuando un animal presenta síntomas quedan dos opciones: proceder al sacrificio o enviarlo a frigorífico”.

En ese tono, el experto lamentó: “Esto es así porque no existe un tratamiento de la enfermedad y tampoco vacunas que protejan contra ella”. Los que sobreviven quedan como portadores durante toda su vida, siendo fuente de infección al ser picado por un insecto que se alimente de sangre. Ese insecto actúa como vector de la enfermedad transmitiéndola al alimentarse de un individuo sano”.

Cómo es el trabajo de las ONG

El Centro de Rescate Equino (CRRE) y Caballos de Quilmes son las ONG que trabajan intensamente desde que tomaron conocimiento de lo que pasa en ese campo. Reciben la colaboración de dos abogados animalistas y de otros grupos como Proyecto Galgo Argentina y Refugio El Campito. Además de las donaciones y colaboración de particulares.

—¿Cómo se están manejando actualmente? ¿Reciben ayuda de voluntarios que colaboren?

¡Estamos muy solos con todo esto! Quienes más nos están ayudando son las organizaciones de perros. Este es un trabajo muy complejo porque no tenemos instalaciones y todo sale una fortuna.

—¿Cuánto son los gastos que deben costear por semana?

—Por semana gastamos $30 mil en rollos de pasto porque la comida que mandan desde el Ministerio de Seguridad no es suficiente.

—Porque la persona que calculó la comida, un veterinario de la Policía Montada, calculó la ración para un animal sano y en mantenimiento, no para uno enfermo que necesita subir de peso. Es una ración muy pobre la que tenemos por caballo.

—¿Cómo estaban los caballos cuando llegaron?

—¡Estaban cagados de hambre! Se pateaban entre ellos y tuvimos que salir a comprarles comida. Ahora se está haciendo lo mejor que se puede con los tiempos cortos que hoy tenemos y por la cantidad de animales. Hace unos días tuvimos que hacer la separación de los caballos con anemia positiva porque el Senasa nos entregó el campo con los caballos mezclados y con los números de identificación borrados porque se los habían hecho con pintura y la pintura se borró. Encontrar a esos ocho fue una ardua tarea. Los reconocimos por unas fotos precarias. Ya están separados.

Los voluntarios del CRRE se dividen en dos grupos, uno para atender el propio predio en Quilmes y otro para estar en Ezeiza. “Nosotros tenemos 16 caballos más los 17 que ingresamos del campo del horror”, avisa Florencia y cuenta que en total ingresó más de 20 equinos de ese lugar, “pero algunos murieron por el estado en el que estaban. Tenían problemas renales, otro murió por peritonitis y otros por fallas multiorgánicas”.

La mayoría de los caballos que se recuperan en el predio del CRRE son potrillos en estado critico que tardan más que los adultos en recuperarse. “Los pocos caballos que trajimos no están domesticados, lo que hace más dificil su recuperación porque se estresan cuando se los quiere tocar”, explicó Sampietro y contó que además esos animales necesitaban plasma. “Estaban tan mal que si no les pasaban sangre o plasma se morían. Las bolsas costaron $ 800 cada una y les pasamos cinco a cada uno, al menos”.

—Pese a todo están haciendo un buen trabajo

—Pese a todo nos está yendo bastante bien porque los objetivos que asumimos los cumplimos. Estamos dejando la vida para sacarlos de ahí, rezando porque el próximo sangrado dé negativo y poder llevarlos a otro lugar, cosa que nos facilitaría mucho el trabajo. Porque así podríamos dedicamos a lo que necesita cada uno, cosa que ahora no se puede hacer por falta de instalaciones. Tampoco hay luz, ni agua, nada.

Los caballos comen pasto en rollos y fardos de heno. Cada rollo mide más de 1,60 metros y les dura 4 días. A eso le suman 50 fardos.

El abogado de la ONG Caballos de Quilmes y a cargo de la causa por el lado del proteccionismo, Leonardo Barnabá, dijo a Infobae que ésta es una causa “enorme, de diez cuerpos y pocas veces vista”.

“Hasta hace una semana nos abocamos al estado de los animales, a que no cayeran más y a que los que se cayeran se los pudieran sacar de ahí y ponerlos en otro lugar a resguardo”, aseguró el abogado y agregó que “los que murieron fue porque no estaban bien, en el lugar había poca pastura y lo que nos mandó Agroindustria no era de buena calidad”.

En ese tono siguió: “Pedimos hacernos cargo de los animales una vez que la fiscalía se desliga de la cuestión ya que la idea de la fiscal Garrido fue devolver los caballos a Raúl Edgardo Onorato (la persona denunciada por maltrato animal que estaba como responsable del predio al momento del allanamiento) porque entendió que las ONG no teníamos medios para hacernos cargo de ellos, lo cual era cierto, pero pese a eso dijimos que íbamos a encontrar la manera”.

“Ahora por 60 días tenemos el campo interdictado, lo que significa que no podemos sacar ni mete caballos por cuestiones sanitarias. Estamos abocados a la investigación en sí misma”, cerró el letrado.

Las ONG necesitan donaciones para seguir ayudando a los caballos: soluciones ringer lactato, soluciones fisiológicas, dextrosa al 50% o más, glucosa vitaminada, aminoácidos, vitamina B12, bozales y mantas, bolsa de agua caliente, rehidratantes endovenosos y orales, penicilina estrepto, ATP, red cell, tónico induvet fuerte para spc, flunix, ceftiofur, bolsa para plasma, viruta, lavandina, fardos y rollos de césped.

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