China se vuelca al consumo de proteínas alternativas

La cadena trasnacional de producción agroalimentaria responde por entre el 25% y el 30% de las emisiones globales de dióxido de carbono (CO2), que es la causa fundamental del calentamiento de la atmósfera, un fenómeno usualmente denominado “cambio climático” por el Panel de Expertos de Naciones Unidas (IPCC).

El resultado es que los grandes fondos de inversión del mundo muestran un creciente interés en las proteínas alternativas al consumo de carne, ya sean sustitutos vegetales, o “carnes” originadas en los laboratorios.

El cálculo de Naciones Unidas es que la población mundial ascendería a 9.800 millones de personas en 2050 (un crecimiento del 34%); y eso haría que la demanda de proteínas creciera 73% para entonces, con un alza más que proporcional de la emisión de CO2.

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En este sentido, la previsión de la FAO (Organización de Naciones Unidas para la Alimentación) es que la emisión de dióxido de carbono del sector ganadero es ya superior a la del transporte, y lo triplicaría en 2050.

La causa económica esencial del aumento de la demanda mundial de proteínas no es el efecto climático de la ganadería, sino el reclamo de los consumidores, en especial los de la franja entre 18 y 34 años de edad, y por encima de 65 años, y provienen en todos los casos de sectores con ingresos medios y altos.

Estos consumidores exigen productos vinculados a una vida más saludable, sinónimo de mayor energía, así como de potencia y tono muscular; y su desarrollo corre paralelo al extraordinario crecimiento del negocio de los gimnasios y las actividades físicas en general, especialmente relevantes para la clase media y la juventud.

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Más de 15% de los nuevos productos de alimentos y bebidas que se colocan en el mercado norteamericano, lo hacen con el reclamo de “alto contenido de proteínas” o “fuente de proteína”, en una tendencia claramente acelerada y ascendente.

Por eso, en los últimos dos años, el consumo de proteínas de trigo aumentó 20%, 11% la de maíz, y 5% las de soja. A ellas hay que sumarles la popularidad de la quinoa, el “grano de oro” de origen boliviano, que tiene, según se estima, el mayor contenido proteínico del mundo.

Los grandes grupos de producción de carne vacuna y porcina del sistema global, sobre todo en Estados Unidos, se han sumado a esta tendencia en los últimos 5 años. Tyson Foods, el segundo productor de carnes de EE.UU, y el primer exportador de sus productos cárnicos, se ha volcado a la producción de “carne” de origen vegetal, con inversiones de más de U$S 2.000 millones en 2019.

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También se espera que Smithfield Foods, la mayor empresa procesadora de carnes norteamericana (actualmente de capitales chinos), lo haga este año con una inversión similar o mayor.

China consume más de 30% de la carne que se produce en el mundo, y más de 50% de la producción de carne de cerdo del sistema global; y esto ocurre dentro de una tendencia de fondo de la alimentación china, que es el vuelco masivo de su población al consumo de proteínas cárnicas.

El Consejo Nacional de Salud y Planificación de la República Popular acaba de fijar las nuevas pautas dietarias de la población china, y sostiene la necesidad de reducir el consumo de carnes y huevos en 50% para 2030.

De ahí el papel creciente de las proteínas alternativas en el mercado chino; y que, al igual que en EE.UU, han comenzado a procesar las start ups de alimentos alternativos que proliferan en la República Popular en los últimos cinco años.

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El impulso fundamental al consumo de proteínas alternativas en China es la prioridad otorgada por su nueva clase media de 440 millones de personas con niveles de ingresos comparables a los norteamericanos (U$S 35.000 / U$S 45.000 anuales) –que serían 780 millones en 2025, y más de 1.000 millones en 2030- a una dieta sustentada por un estilo de vida y de trabajo, donde la salud, el control de peso, y los viajes al exterior son lo fundamental.

El año pasado, más de 135 millones de turistas chinos viajaron al exterior, y lo hicieron con una gasto de U$S 8.700 por viaje y cabeza. China también enfrenta una epidemia de obesidad, que afecta ante todo a los sectores de menores recursos; y esto ocurre en un contexto de extraordinaria movilidad social, sustentada únicamente en el nivel de educación. Conviene advertir siempre que esta nueva clase media tiene sólo 15 a 20 años de antigüedad.

El grado de integración y vinculación con el mundo de la República Popular lo revela el hecho de que posee 810 millones de usuarios de Internet, más de doble de la población de Estados Unidos, en las que todos son titulares de tecnología 4-G, que sería, prácticamente sin excepciones, 5-G en 2025.

La tendencia al consumo en gran escala de proteínas alternativas en China es imparable

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