Cabito: “Pasé de 198 kilos a 74, pero me fui para el otro lado, bajé demasiado”

Pasaron más de dos años desde que Cabito se realizó un by pass gástrico, que implicó un cambio de vida, asumir riesgos: ”Es una cirugía mayor, a los ojos de quien se opera es: ‘Me puedo morir en la operación o puedo seguir así y morirme’. Tomar esa decisión de vida es complicado”. Hoy, aunque a veces no se reconozca cuando se ve en notas o en fotos grupales, siente que el balance es totalmente positivo. Y que ganó años de vida. Aunque dice: “Pasé de 198 kilos a 74. Me fui para el otro lado, bajé demasiado”.

“Atravesé muchas cosas: dejar de trabajar en un lugar que había laburado los últimos 20 años de mi vida (por FM Metro), me separé, y murió mi abuela que fue como mi madre, la persona que me crió. Todo, en el mismo momento”, reflexiona, en referencia a las dificultadas que enfrentó el último año. Y lo resume en una gran cantidad de duelos, incluyendo el del cuerpo conocido.

—¿Te mirás mucho al espejo?

—No, no soy tan de mirarme al espejo. Soy medio coqueto, siempre lo fui. Siendo gordo también fui un poco coqueto.

—¿A qué edad apareció el exceso de peso?

—Siempre fui gordito, pero como siempre hice mucho deporte no era un tema. Después me rompí la rodilla, dejé de jugar al fútbol, dejé de jugar al rugby, y…

—¿En algún momento fuiste discriminado por el peso?

—En algún canal de tele. No sé si la palabra es discriminar; yo siempre me lo tomé bien, tuvo que ver mucho también mi personalidad, No lo he sufrido tanto. Tampoco fue un impedimento en su momento para la conquista o para salir con chicas. Me ha ido relativamente aceptable.

—Recién hablabas de los duelos, había que dejar ir a uno que eras, un trabajo de muchísimos años, la pareja. Hoy, a la distancia, ya pasaron unos cuantos meses, ¿qué balance hacés de tu salida de Metro?

—Es una etapa que fue cumplida, que fue doloroso, me pareció que no era la forma que merecía. No hay una sola verdad sobre un asunto.

—Hoy eso está judicializado.

—Sí. No me pagaron lo que me tenían que pagar. Primero desconocieron que yo trabaja en Metro, después desconocieron mi labor dentro del programa. Después de 20 años no merezco ese trato.

—¿Te dolió más en lo económico, o el trato de quienes vos considerabas tus amigos?

—Dolieron las dos cosas. Sobre todo cuando al aire había una empatía de la situación, el país, gente que queda sin laburo, y alguien que fue del riñón, que está pasando un mal momento… La propuesta para que yo siguiera en la radio era ir a otro programa y me daban el 30% de lo que ganaba en un país que había aumentado el 50%; eso y que me vaya, era más o menos lo mismo. Más allá de que me estiraron la decisión y rechacé una oferta de teatro de hacer temporada en Carlos Paz que me había convocado (Javier) Faroni, me dejaron sin nada.

—¿Cómo te rearmaste en estos meses?

Tenía ahorros y tengo algunos otros emprendimientos. He hecho otras cosas en la vida que también hacen un poco, pero está muy difícil la situación.

—¿Extrañás la radio?

—Sí, mucho. Me han ofrecido hacer algo con alguien puntualmente, que no me pareció. Esa persona tiene una manera de ver la vida, en el trato hacia compañeros y puntualmente con mujeres, que no es mi manera. A mí se me ha acusado muchas veces de hacer preguntas subidas de tono que las hacíamos todos en el programa, pero para mí el respeto a la mujer no pasa por ahí porque eso te conecta con el placer y el placer para mí no tiene absolutamente nada de malo. Respeto a las mujeres, el trato cotidiano y no faltarles el respeto. Respeto a las mujeres es que si vos y yo vamos a laburar en el mismo lugar, que vos cobres lo mismo que yo. Si yo dejo un trabajo y te toman a vos, y te toman ganando la mitad de lo que yo gano, hay una utilización de vos. Eso es el respeto a la mujer.

—De cara al 2020, ¿tenés ganas de volver?

—Me encantaría. Siento que tengo cosas para decir.

—Matías Martin habló de adicciones.

—Yo no había hablado ni iba a hablar de mi salida de Basta (de todo) y hubo algo de mala leche en eso, porque si él se refería a la comida, la obesidad es una enfermedad, no es una adicción. Me parece que dentro de su enojo jugó con eso, porque no se le escapó: lo leyó. No fue inocente a la hora de decirlo.

—Vos respondiste sobre esto en una charla en TEA.

—Sí, fui a dar una charla, y la segunda pregunta fue cómo superé mi adicción a la cocaína. Yo no me drogo, no tomo alcohol. No es que no he tenido nunca un exceso, cada tanto fumo algo, pero ni siquiera fumo tabaco. Por eso dije: “Bueno, hagamos un análisis, pero no me lo hago yo solo el análisis, hagámonos un análisis a ver qué sale en el análisis”.

—En todo caso, la adicción no es un tema como para tirarse por la cabeza…

—Exactamente. Después de tantos años él sabe un montón de cosas mías y yo sé un montón de cosas de él. Yo hablé con la radio y dije: ”Se están peleando con alguien que no tiene nada para perder, yo vivo solo, soy soltero, estoy separado. No tengo nada para perder”. Si hubiera tenido algún problema con las drogas lo hubiera contado sin ningún problema. Por eso dije: “Hagamos un análisis, pero hagámoslo todos”.

—Hace un ratito hablábamos del momento que estamos viviendo con la temática de genero. ¿Te encontraste en lo personal diciendo: “Bueno, capaz que en esto me equivoqué”?

—En el trato personal, quien me conoce sabe que soy siempre el mismo: soy un caballero en el trato cotidiano con una mujer. Y soy una persona sensible. Con respecto a los chistes, insisto: pasa por otro lado. Si no, es imposible hacer humor.

—¿No sentís que hay cosas de las que hiciste que hoy ya no harías?

—Yo nunca hice eso. Lo que sí, para mí no va más ir a un teatro de revista y ver a una mujer con el culo al aire porque sí, señalando. O un sketch que esté una mina en tanga, ¿por qué tiene que estar en tanga? No hay ningún chiste en eso. A ver, ¿qué puede haber…? Al principio por ahí en Rock & Pop hacíamos cosas que no estaban tan bien. Concursos y cosas. Eso no lo volvería a hacer. Pero hay otras charlas que también hay que darlas, eh, me parece.

—¿Dónde tenemos cuentas pendientes?

—Hoy por hoy, una chica bonita, de 20 años, poco capacitada y que vive en Palermo, tiene 10 veces más chances de conseguir laburo que un pibe de 20 años, feo, muy capacitado, que vive en la Villa 31. Si están los dos por el mismo puesto, lo consigue la chica. No tengo ni dudas. Esa charla va a ver que darla en algún momento: el prejuicio con el otro. Y no es una cuestión de género. Por eso es tan importante el feminismo, porque no lucha por los derechos de la mujer sino lucha por la igualdad de derechos, y me parece fantástico. Lo que pasó con las mujeres me parece poderosísimo. Lo que pasó con las mujeres con respecto al aborto legal, seguro y gratuito. No importa el color de pañuelo que tengas: verlas marchar a todas juntas, y que salvo algún mínimo quilombito, no pasó nada. Por eso son tan poderosas.

—Te traigo al presente del país. Nuestra última charla fue cercana a las elecciones, ahora estamos de nuevo por elegir.

—Hay una frase que dice que de Argentina vos te vas 20 días y es otro país, pero te vas 20 años y es el mismo país. Pasa algo raro, ahí hay un poquito eso. Lamentablemente somos muy cíclicos.

—¿Fantaseás con una vuelta de 6,7,8?

—No creo que vuelva 6,7,8, honestamente. Me parece que no vuelve.

—Creo que sí. Una manera de comunicar y una manera de decir las cosas. Yo por lo menos cumplí un ciclo ahí. Me fui, me quise ir antes, tenía un contrato firmado.

—Después estuviste en Duro de domar.

—Exactamente. Pero no es que me fui antes por nada en particular si no porque mi función dentro del programa… Primero, el programa empezó siendo una crítica acerca de cómo manejaban los medios de comunicación, de cómo se iba manejando la información. Mi función ahí era hacer chistes. Después se puso cada vez más densa la situación, cada vez más pesados los temas, venía Estela de Carlotto, y la verdad que hacerme el listo frente a Estela, no daba.

—¿Qué te pasa con los periodistas que cambiaron el discurso luego de las PASO?

—Y… son tremendos. Ya estamos acostumbrados a periodistas que cambian el discurso. A mí me gustan los que mueren en la suya. Pero sí, se vio mucho el panquequismo. Muchos juegan para sí mismos. Pero los medios de comunicación también en una parte juegan muchos para sí mismos. Y se nota. Ya se notó que al Presidente le empezaron a soltar la manito también, lo veías en los titulares, ya se veía venir, y se empieza a preparar lo que viene. No sé si es comprensible o no, pero sucede. Hay muchos periodistas con los que no coincido en absoluto, pero creen en lo que dicen. A mí lo que me molesta son las operetas y los que hablan de “un trascendido”, “fuentes cercanas”, para hacer una opereta. Eso me molesta.

—¿Qué te generó Joaquín Morales Solá cuando habló de los dólares en la casa y que la empleada o el chofer la podían robar?

—Me pareció gravísimo ¿Cuánta gente en Argentina tiene chofer? Arranquemos por eso, que ya es una cosa que está demodé, nadie lo tiene. Y me parece gravísimo, de clase; eso me cruzó de vereda. Yo puedo no compartir con vos un pensamiento político, podemos no coincidir, pero en definitiva queremos lo mismo. ¿Qué queremos? Que haya educación, que no nos maten por la calle, que la gente pueda comer, que haya Pymes, que Argentina se inserte en el mundo. Todos queremos lo mismo. Ahora, vos tal vez creés que ese camino es hacia un lado y yo tal vez crea que ese camino es hacia el otro. Pero lo de Morales Solá, yo me cruzo de vereda. Ese concepto de clase. Estamos en un país que parece que la grieta la inventó Macri o la inventó Cristina, pero si vamos a la historia, Rivadavia estaba por un lado, quería un país para pocos, voto calificado, y San Martín y Belgrano creían en la educación pública. Lo mismo que pasa ahora.

—Hace poco hablábamos con Nancy Dupláa, que viene de hacer una película con Luis Brandoni, y destacábamos que desde la honestidad ideológica de cada uno se pueden buscar encuentros.

—Pero por supuesto. Yo, por ejemplo, con las últimas declaraciones de Brandoni no coincido, no comparto, pero eso no me permite a mí dejar de disfrutar del enorme actor que es. Está dentro de los cinco mejores argentinos. Cada vez que él está en cine, cada vez que hace algo en teatro, lo quiero ver y lo quiero disfrutar. Pero hay gente que no puede cruzar esa línea. Hay gente que ni en pedo va a ver a Nancy Dupláa o hay gente que ni en pedo va a verlo a Brandoni. Me parece que si te pasa eso, tenés el cerebro tan chiquitito….

—¿Qué te pasa con el “queremos flan” de Alfredo Casero?

—No comparto con él. He tenido muchas peleas en lo personal con Alfredo Casero, me ha atacado muchísimas veces, y yo he respondido. No comparto en absoluto que ha tenido con la ex presidenta palabras gravísimas, falta de respeto. Dicho esto, es una pena que Alfredo Casero no haga humor porque es de las personas que más me hizo reír en mi vida, y es un gran actor, es cantante, es mega talentoso y cualquier cosa que haga le presto atención desde lo actoral. Después, desde lo personal, sobre lo que él opina, yo en general opino distinto. Pero me llega hasta ahí.

—¿Qué país creés que viene?

—Vienen momentos muy complicados. Hay que ver qué sucede en las elecciones. Vamos a tener que mirarnos un poco más para adentro, vamos a tener que reactivar el mercado interno, el control de precios, el control de las importaciones y las exportaciones. Creo en un Estado que participe y equilibre el mercado.

—Si gana, ¿Alberto Fernández irá en esa línea?

—Supongo. Y espero, porque ha sido la línea histórica del peronismo. Pero esto que vos decís, panquequeando, yo soy fanático, era chico, pero lloré con Alfonsín. Cuando Alfonsín se paró frente a la Sociedad Rural, solito con su alma, se le plantó de manos, para mí… te lo cuento ahora y se me pone la piel de gallina. De la Rúa representaba diametral y totalmente la antítesis de lo que yo creía. El neoliberalismo nunca me representó. Se podría decir que yo antes era un radical, y después estuve del lado del peronismo. Voy detrás de las ideas, no detrás de los hombres.

—¿Creés que si gana, va a gobernar Alberto?

—No tengo la menor duda de que va a gobernar Alberto. Me parece que ese: “No, porque Cristina…”. Escuché barbaridades, como decir que Alberto estaba enfermo, entonces ya se sabía… Hay tantas cosas en el medio que la gente dice, se pasan por WhatsApp y todo. Yo no tengo la menor duda de que gobierna Alberto. El que pone la firma, el que tiene la birome, el que está en el sillón de Rivadavia, es él. No subestimemos.

—Gane quien gane, es un escenario muy complicado: la gente no da más, y tampoco se le puede pedir más, realmente.

—Sea quien es dificilísimo, la tiene muy difícil. Al gobierno anterior (por el de Cristina) se lo acusaba de planero, pero Macri duplicó la cantidad de planes. Eso lo ayudó mucho a que no haya un estallido social, y gracias a Dios no hubo un estallido social. También el hecho de la participación del Gobierno.

—Alberto dice que él confía en Cristina en cuanto a las causas en las que está procesada. Vos, ¿le creés a Cristina?

—Yo confío en la Justicia y por algo no la detuvieron. Si hay algo que tuvo, en general la Justicia no es un poder independiente…

—Tiene varios pedidos de prisión preventiva que no se ejecutan porque tiene fueros.

—No, por supuesto. Lo que yo digo es que el Poder Judicial nunca es independiente. Yo soy un ignorante, pero al final, ¿de quién era la plata de los bolsos que tiraron en el convento? ¿De quién era esa plata?

—¿Qué crees que va a pasar con José López, con Lázaro Báez?

—Cualquier persona que cometió un acto de corrupción merece la pena que la Justicia dictamine. Pero todos, absolutamente todos; no Justicia para pocos. Yo creo que la Justicia es para todos.

—Cuando hay corrida bancaria, ¿si tenés plata vas y la sacás del banco?

—No, soy un papanatas con la plata.

—¿Perdiste en las crisis?

—Sí, siempre. Absolutamente siempre. Me encanta tener plata, me encanta darme lujos, que hoy por hoy un lujo es comer todos los días, eso es un lujo. Pero no le doy valor. No corro a comprar dólares. A mí me gusta laburar, a mí me gusta hacer cosas y después vemos la guita. Siempre me han cagado, pero bueno…

—Si charlamos en un año y sale todo genial, ¿cómo te encuentro?

—Ojalá haciendo un programa de radio.

—Me bajé de esa. Ya viví el amor. ¿Viste cuando fuiste a Disney? Ya lo viste, ya lo vi.

—¿Te retiraste del amor o te retiraste de la convivencia?

—Me retiré del amor y de la convivencia, sí. Me retiré.

—¿Y te vas a quedar célibe por los años de los años?

—Sí. Sí, por ahora sí. No sé si la palabra célibe es justa, exactamente… pero… La energía está puesta en el laburo y en estar bien con mis amigos y pasarla bien, y más asados o lo que se pueda. Ya no como carne, pero juntarme, divertirme y ser feliz, que es un montón.

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