Buenas y malas noticias sobre el narcotráfico

El operativo no tuvo nada de la sofisticación de aquel avión con la tonelada de cocaína que en 2011 salió de Ezeiza y terminó detenido en Barcelona. El avión de los hermanos Juliá.

Esta vez se trata de un cuarto de tonelada, lo que no es poco sino bien mucho. Y si aquella fue una de las intercepciones mayores en un aeropuerto español, esta de hace unos días aquí, en un aeropuerto nuestro, es la mayor. Y debe andar compitiendo con los récords en otros tantos aeropuertos del mundo. Con lo que no hay discusión es que la droga salía en un operativo de contrabando tan primitivo que sólo lo explica un arreglo con los debían controlar y habían sido arreglados por los narcos. Un arreglo no nuevo sino más bien viejo.

Por empezar, las valijas, todas iguales. Y todas en manos de mulas con pasaportes flamantes, recién sacados y los pasajes pagados en efectivo. Demasiada confianza de los jefes del operativo para semejante falta de disimulo. Las valijas debían gambetear los escáneres de la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) y de la empresa privada que en paralelo pone cada compañía aérea.

Los efectivos de la PSA ordenaban a los empleados de Legal, la empresa privada, que no escanearan ese lote de valijas. Zona liberada. No es la primera vez que lo hacían y los empleados de Legal dejaron constancia en un acta de que no pudieron hacer su trabajo.

De ahí los tres miembros de la PSA detenidos. Dos se negaron a declarar. ¿Y qué declaró el otro? Que hizo el escaneo que detectó la cocaína. Lo que no declaró o aclaró es que hizo lo que debía hacer porque se lo ordenó el juez Pablo Yadarola al momento de allanar Ezeiza. Es un oficial que ahora tiene que explicar, si puede explicar, cómo tiene la plata que tiene.

Son gordas las ganancias por hacer la vista gorda en los aeropuertos. Está tarifada como un commodity: 2000 dólares por cada kilo de droga que se deja pasar. Los narcos hacen ofertas que los guardias no pueden rechazar. En este caso, la suma da 500.000 dólares. Si las cuentas de los mismos expertos no fallan, la droga puesta en España vale unos 14 millones. Hay una pista de una persona que recibiría a las mulas y las valijas en Madrid y que el juez pasó a la policía española.

Aquí hubo dos investigaciones judiciales que confluyeron aunque se ignoraban entre sí. La de Yadarola que volvió el jueves a la noche a allanar Ezeiza y otra del juez Lijo, que detuvo a una docena de miembros de la misma banda. Hay un prófugo, dominicano, que se presume el jefe aunque se cree que detrás hay peces mucho más gordos.

El decomiso y las detenciones son buenas noticias en medio de malas noticias. Ha crecido el cultivo de arbustos de coca en Colombia, Perú y Bolivia, los tres países de la región productores de cocaína. Hay más oferta y hay más demanda: el consumo saltó acá del 0,35% de la población en 2004 al 1,5% en 2017. Es la última cifra que se conoce. El gobierno no repitió la encuesta. En esto se parece al kirchnerismo, que en 2010 dejó de hacerlas porque cada año empeoraban los indicadores.

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