Adiós al arquitecto Juan Molina y Vedia

A los 86 años, falleció Juan Molina y Vedia, uno de los profesores más respetados de la arquitectura. Popular, carismático y combativo a la vez, sus conferencias arrancaban aplausos enfervorizados de las audiencias más juveniles. Reconocido por sus diversas inquietudes como el diseño, la historia y la docencia, Juan era un libro abierto. Sabía de todo, de todo podía hablar con increíble y cautivadora suficiencia y estaba dispuesto a compartir su conocimiento.

Muy comprometido con las causas populares, Juan estuvo en Cuba durante los primeros años de la Revolución, a la que defendía fervorosamente. Allí trabajó durante más de medio siglo. “Jamás milité en ningún partido, a pesar de que muchos quisieron afiliarme. Como no lo consiguieron, me terminaron por calificar de anarquista”, decía.

A pesar de los chistes que se autoinfligía, asumía de una manera positiva su anarquismo. Lo solucionó “buscándose socios más ordenados y meticulosos”, como Silvia Batlle Planas, su esposa, con quien compartió el estudio profesional por más de 35 años.

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Molina Y Vedia se recibió de arquitecto en 1957 en la Universidad de Buenos Aires, desde ese momento se volcó a la docencia, con las únicas interrupciones que provocaron los golpes militares, en 1966 y 1976.

Teórico y concreto a la vez, Juan deja una importante obra construida, de la que él mismo destacaba una casa con sobretecho de cañas en Resistencia, construida durante su paso por el Chaco. Por caso, se puede mencionar la escuela Tiempos Modernos, en Banfield, que es tan transparente que los juegos de los chicos que están en el patio quedan incorporados al paisaje de la ciudad.  O el nuevo Hospital de Morón, Ostaciana B. de Lavingnole.

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Dejó también libros memorables como el dedicado al mexicano Luis Barragán y a los argentinos Fermín Bereterbide y Ernesto Vautier; o el “Plan Chaco 59”, dedicado al plan de estudios de arquitectura de la Universidad Nacional del Noreste de ese año, al que define como el primero del país que se inspiró en el Movimiento Moderno.

Molina y Vedia era un maestro con todas las letras, esa clase de docente que enseña con la palabra y la acción. Su manera de abordar los temas más complejos los hacía parecer sencillos, naturales. La razón de esa extraña virtud es que Juan Molina y Vedia siempre ponía en primer plano el lado humano de la arquitectura. Y, nos enseñó, que así todo se hace más amable.

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