50 años del Cordobazo: los dueños de la gran revuelta

“Esto era un hervidero”, recuerda un testigo que vivió y protagonizó el Cordobazo. Expresiones ilustrativas de un tiempo agitado en el que la rebelión popular se enfrentó al proyecto autoritario y conservador de la dictadura militar de 1966.

Días antes del estallido, el 14 de mayo, se realizó una asamblea en el Córdoba Sport Club, desobedeciendo la prohibición dispuesta por el ministro de Gobierno. Allí, Elpidio Torres (dirigente del SMATA), ante 5500 obreros, denunció la derogación del sábado inglés, y convocó a un paro de 48 horas a partir del día siguiente. La guardia de caballería de la policía de la provincia reprimió brutalmente a los afiliados que no habían podido entrar. Y luego arrojó gases lacrimógenos al interior del Club, por lo cual los obreros debieron romper los techos de fibro cemento para combatir la acción de los gases. A raíz de estos incidentes la delegación regional Córdoba de la CGTA dio a conocer una declaración: “Córdoba ha dicho basta a la dictadura, ha dicho basta al atropello, ha dicho basta a la congelación de salarios, a la supresión del sábado inglés, a las quitas zonales, a la derogación de los convenios, a las cesantías, a las persecuciones, a la mordaza política y social”.

Decir “Basta” era una clara señal de las jornadas que se avecinaban. El movimiento obrero de Córdoba se pronunciaba así enfáticamente contra las medidas que aplicaba la dictadura de Onganía y su proyecto corporativo y neofascista. De hecho, el gobierno había dictado un decreto por el cual derogaba los regímenes especiales sobre el descanso del sábado inglés y había anunciado el congelamiento de los convenios colectivos y de los salarios.

Lo que comenzó siendo una protesta obrera, con el apoyo y movilización de los estudiantes, se fue convirtiendo en una revuelta popular e insurrección urbana. Y lo que comenzó siendo una movilización con reivindicaciones sectoriales se fue transformando en una movilización social de ofensiva contra la dictadura.

El Cordobazo sumó algo a una historia que ya tenía dos elementos intrínsecamente conflictivos: la resistencia del peronismo proscripto, establecido en 1955 y, la dictadura del gobierno de la Revolución Argentina instalado con el golpe de estado de 1966. Mientras el primer elemento polarizó el campo político zanjando profundamente la división entre peronistas y antiperonistas, la política económica de Onganía y de su ministro de economía, Adalbert Krieger Vasena, agudizó las contradicciones sociales y económicas de la clase media y de los sectores populares afectados por la aplicación de medidas que beneficiaban a los sectores capitalistas más concentrados.

Pero también el Cordobazo abrió varios procesos: liquidación de la dictadura, inauguración de una ola de movilización social, surgimiento de un sindicalismo alternativo –el clasismo–, desarrollo de las organizaciones revolucionarias, acompañado de un proceso de radicalización política e ideológica de vastos sectores de la sociedad argentina. A partir de mayo del ´69, varias agrupaciones comenzaron a plantear que la revolución era posible.

El telón de fondo fue una crisis de la dominación social y de un orden político incapaz de contener y regular los conflictos.

A 50 años de este hecho histórico que marcó un hito en la política argentina, aún siguen presentes las disputas por su significado, sobre todo, en torno a quien le pertenece la hegemonía del relato: ¿Fue el Cordobazo el final de una historia de resistencia y de luchas obreras sostenida desde la caída de Perón y el golpe militar de 1955, que nutrieron una cultura de la resistencia antidictatorial? o ¿fue el punto de partida de un proceso de movilización social y radicalización política que permitieron formular alternativas anticapitalistas?

Dos preguntas que irrumpen el presente y que expresan una disputa por su interpretación: ¿fue la consumación de las luchas peronistas o el inicio de las luchas de la izquierda radicalizada? O, quizás, ambas cosas a la vez. No se trata de discusiones bizantinas, sino más bien exige revisitar la historia del antes y del después. Y encontrar allí, en medio de las luchas, un sentido para el presente que debe ser tanto ejercicio de memoria como una oportunidad para pensar políticamente el futuro.

Alicia Servetto es doctora en Historia y magíster en partidos políticos. Autora de “73/76” (Siglo XXI).

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