Movida sorpresiva y dos fuertes dudas: el juego con el PJ y el manejo del poder

Cristina Fernández de Kirchner sorprendió con una movida para nada improvisada, conversada con Alberto Fernández y plasmada en un video de casi 13 minutos. Primer resultado: alto impacto mediático y político, además de por lo menos dos fuertes dudas. La primera es si está sugiriendo que también su segundo lugar en la fórmula o todo podría ser abierto a negociación para sumar más en el PJ. Y la segunda, si no fuera así y se tratara de una propuesta definitiva, cómo funcionaría esa dupla, dónde estaría el poder real si las urnas la consagraran. El anuncio no cerraría ninguno de los temas.

El mensaje y los pasos dados hasta ahora exponen una partida más amplia y tal vez inconclusa. La ex Presidente vuelve a mostrarse en el centro de la política, después de la presentación de su libro y del acto en la sede del PJ. Y antes de una semana próxima potente en el frente judicial, movido de antemano por decisiones de la Corte y vuelto calificar en su nuevo video —el anterior había sido por la visita a Florencia en Cuba— como una “feroz campaña” en su contra.

No fue lo único previo. El otro gesto ya lo había producido con su ofensiva para debilitar los movimientos del peronismo federal. Lo último fue dirigido a tratar de diluir el efecto del triunfo de Juan Schiaretti en Córdoba, que lo coloca como armador principal de ese espacio. Pero mucho antes circulaban las dudas sobre su candidatura que ella misma sembraba en encuentros, algunos reservados, con gobernadores del PJ. Tenía eso un efecto si no paralizante al menos suspensivo de decisiones internas y alineamientos nacionales.

El mensaje reaviva las especulaciones en todas las veredas políticas, incluida la del oficialismo. Pero con efecto mayor, efervescente, en el peronismo. Varios gobernadores venían navegando entre dos aguas, concentrados además en sus batallas por la reelección. Esto achica más los tiempos. Sergio Massa había dejado trascender que no iba a avanzar en negociaciones con el armado kirchnerista, después del acto en la sede del PJ que parecía afirmar la candidatura CFK. Roberto Lavagna ya había tomado distancia. También, Miguel Ángel Pichetto y Juan Manuel Urtubey, que no dejaron pasar más que un par de horas para rechazar la nueva movida de la ex Presidente. Podrán conversar el tema si se concreta a mitad de semana la reunión con Schiaretti.

¿El segundo lugar de la ex Presidente en la fórmula alcanza para convocar a todo el PJ, al grueso de los jefes provinciales y para dejar huérfano a cualquier proyecto de peronismo alternativo? No da esa impresión de entrada. Más profundo sería el cimbronazo si lo que está insinuando este nuevo y ruidoso paso es la discusión integral de la fórmula, con ella corrida incluso del segundo renglón. En cualquier caso, su poder estaría fuera de discusión, como armadora y referencia ineludible.

El término “renunciamiento” tiene un eco muy potente en la historia política contemporánea de la Argentina. Remite, claro, a Evita. En los últimos meses venía circulando la idea de un “renunciamiento”, con sentido hasta propagandístico, en algunos medios del PJ. Una imagen desdibujada de otros tiempos, de debates más encendidos y agudos sobre peronismo y evitismo.

Lo significativo es que la ex Presidenta más bien ignoró aquel antecedente. Dijo que “por primera vez” se hace realidad, con su gesto, aquello de primero la patria, después el movimiento y por último los hombres. Buscó darle a su anuncio un sentido casi épico, trascendente: los cargos serían apenas “herramientas”, y ella se correría de la pelea por el principal cargo para acompañar desde el segundo escalón esta “lucha”.

Otro dato del video, nada menor: habló de un desolador panorama económico y social. Dijo que es mucho más que una crisis. Y lo calificó como el “peor de los infiernos” y también “peor que 2001”. Esa calificación le sirvió para insistir con el carácter fenomenal de la tarea que enfrentaría su fórmula. Un desafío nuevo y diferente al del pasado, dijo, en otra pincelada dirigida a mostrar desprendimiento.

En esa descripción del desafío también podría radicar otro de los interrogantes. ¿La tarea en caso de ganar las elecciones sería una especie de primer capítulo para frenar la crisis? ¿Una transición? ¿Después volvería a ser su turno? Si la fórmula se sostiene como está presentada —es decir, si no es abierta a negociación dentro del PJ— y se impone, ¿cuál sería la relación entre ella misma y Alberto Fernández? ¿El poder detrás del poder? Además de repetida o precisamente por eso, asoma como una pésima receta para competir y sobre todo para gobernar.

Ese tampoco es un elemento anecdótico ni solitario. La ex Presidente viene construyendo o negociando, en varias provincias, algún tipo de acuerdo local que le permita ampliar sus bloques en el Congreso, especialmente en el Senado. Y todo indica que ejercerá la misma dedicación para garantizarse un buen número de diputados nacionales por la provincia de Buenos Aires, con Máximo Kirchner en primera línea. Peso legislativo, con bloques alineados detrás de su figura, además del hecho de contar con un caudal de votantes significativo, individual, más allá de la fórmula. Eso exhibe como poder intransferible.

Si sumar a Alberto Fernández en el primer renglón de la dupla es un gesto de “moderación”, tal vez la sensación de su sombra por detrás no despeje dudas. Al revés, agregaría incertidumbre. Pero además, en los últimos días, el ex jefe de gabinete parece haber contribuido poco en esa dirección.

Alberto Fernández corona un camino ascendente y llamativo desde su vuelta al círculo CFK. Fue crítico de la ex Presidente, y lo reivindica como gesto diferenciador y de debate; trabajó con Massa y con Florencio Randazzo, fue cada vez más duro con el Gobierno y se instaló como referencia en el núcleo del Instituto Patria, donde algunos no esconden malestar y rencores.

Volvió a tener mayor exposición pública. Y sus últimas expresiones estuvieron lejos de la imagen que viene trabajando en el núcleo kirchnerista. Dijo que al menos cinco jueces y camaristas federales (Ercolini, Bonadio, Irurzun, Hornos y Gemignani, según él mismo señaló) deberán “dar explicaciones” sobre sus medidas —se entiende que no favorables a la ex Presidente, entre otros— “para cumplir con el poder de turno”. Y, con menos repercusión, buscó deslindar responsabilidades de ex funcionarios en la tragedia de Once, para poner el foco en el maquinista.

El debate, de ahora en más, amplificará de otro modo cada una de sus palabras y gestos. Es parte de la película que viene, con final abierto.

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