La humanitaria urgencia de tirar la pelota afuera

De pronto, uno de los contrarios se tira -o cae- al piso y su equipo saca la pelota afuera. A él no se lo ve tan mal. Es más, en breve estará mostrando sus mejores habilidades. Quizás haya sido un artilugio para enfriar, está bien, es parte del juego y sus componendas. Ahora: encima pretenden que, después de hacer el lateral, mi equipo les devuelva la pelota. No me parece. Quién soy yo para cuestionar el dolor de un futbolista, ¿no? De acuerdo. Pero si está la salud en riesgo no entiendo por qué esperan que alguien interrumpa la jugada. El médico debería entrar de inmediato, se siga jugando o no. ¿Que el reglamento no lo permite? Entonces hay que cambiarlo, no esperar que un crack se desangre porque el ocho rival no atina a mandar la pelota al lateral. Tal vez entendí mal y lo caballeroso no pasa por agilizar los primeros auxilios, sino por no sacar ventaja de que el rival haya quedado con uno menos. Si es así, no entiendo por qué no paran cuando uno sale a cambiarse los botines o a esperar que vuelva el lesionado que se llevó el carrito, por ejemplo. Esto pasó en 1970, pero se puede ver porque lo filmaron: fue en la final del Mundial, el Brasil de Pelé contra la Italia del catenaccio. Cae Pelé, víctima de la enjundia leñadora de un zaguero azzurro. Hace gestos de sufrimiento, pide atención y, si se puede, ambulancia y suero. El árbitro, un severo alemán del Este, le hace el gesto de que se levante. Pelé no acata. El juego sigue durante uno y dos minutos con el tipo ahí tirado. Hasta que Pelé se aburre de estar dolorido y se reincorpora.

Después Brasil le llena la canasta a Italia: cuatro a uno. Nada. Eso.

Up Next

Related Posts

Discussion about this post

A %d blogueros les gusta esto: