La historia de drogas y violencia de género detrás del femicidio en el hotel alojamiento de Tres de Febrero

A las 12 del miércoles, una de las empleadas de limpieza del albergue transitorio R8 Hotel en el barrio El Libertador de Tres de Febrero golpeó insistentemente la puerta de una de las habitaciones. El cambio de turno en el albergue imponía limpiar y revisar puerta por puerta. A las diez de la noche del día anterior, Giselle Daiana Fasanella, de 27 años, y un hombre habían alquilado el cuarto como lo hacían al menos una vez por semana desde hacía meses. Se habían convertido en clientes habituales; de hecho, algunos empleados ya llamaban a Giselle por su nombre.

El turno se había terminado, pero la pareja no salía. La empleada no poseía llaves de la habitación, así que decidió entrar a un patio interno para ver si podía llamar la atención de los huéspedes, que quizás estuvieran dormidos.

Una vez en el patio, la empleada observó que la única ventana de la habitación estaba abierta. Se asomó y pudo ver la mesa con las dos tazas de café con leche, las cuatro medialunas que habían pedido para el desayuno, las dos botellas de alcohol, las latas de bebida energizante, la caja de lencería erótica, las cajas de cigarrillos, algunas prendas de ropa desparramadas en el suelo, una zapatilla y un paquete de bicarbonato de sodio.

También estaba el cadáver de Giselle.

La empleada lo encontró boca abajo, tapado con una sábana negra sobre la cama. La empleada, sin animarse a entrar, intentó despertar a Giselle con sutiles empujones con el palo de escoba, sin saber que ya estaba muerta. Después de unos pocos minutos de intentarlo y de incrementar su fuerza, corroboró que la joven de 27 años se encontraba inconsciente. Fue allí cuando dio aviso a los encargados del hotel, que llamaron al 911.

El caso quedó en manos de la fiscal Marcela Costa, de la UFI Nº 6 de San Martín, quien avanzó en el proceso de investigación y enfocó el caso inmediatamente como un femicidio.

En las primeras declaraciones, los empleados del hotel aseguraron que Giselle y su pareja frecuentaban al menos una vez por semana ese establecimiento. Ninguno pudo recordar el nombre del hombre que la acompañó.

Una vez inspeccionada la habitación, se detectó que entre la comida y las botellas, también se hallaba un ticket de transferencia bancaria del Banco Provincia con el CBU de una cuenta correspondiente a la víctima.

Lo más llamativo fue que el ticket correspondía a aquella persona que efectuó la transferencia bancaria y no el del receptor. Por lo cual, se sospecha que el acompañante y presunto femicida de Giselle era quien le había realizado la transferencia.

El mecanismo de escape del presunto asesino también resulta un interrogante para los investigadores: los empleados del hotel aseguraron que la ventana por la que se escapó da a un patio interno y que para poder salir a la calle hay dos opciones. Una es la de haber trazado una suerte de laberinto que supone treparse a dos techos, pasar por un mínimo hueco detrás de un cartel de publicidad y saltar de un techo con altura considerable. La otra es haber conseguido que un vecino le abriera una puerta de una de las casas linderas para permitirle escapar.

En principio, desde la fiscalía del caso se enfocó la investigación en la última pareja de Giselle, llamado Brian, quien poseía denuncias por violencia de género en su contra de al menos dos parejas anteriores. Hasta el momento, los investigadores no lograron dar con el paradero de Brian.

Según pudo saber Infobae de personas cercanas a la víctima, la relación había comenzado en enero último. Para Giselle representó el tramo final de una vida marcada por una violencia constante.

Giselle Daiana Fasanella transcurrió casi toda su vida en un PH al fondo de un pasillo de un domicilio ubicado en la avenida República del Líbano, en Villa Lynch. Se trata de un condominio de cuatro departamentos de los cuales al menos tres eran propiedad de la madre de la joven, llamada Graciela.

Según cuentan en su barrio, Giselle fue supuestamente víctima de golpes y de malos tratos por parte de su madre desde muy pequeña. Ya en la adolescencia, se la veía casi todo el día en la calle. Pasaba muy poco tiempo dentro de su hogar.

Los vecinos indicaron que tanto Giselle como Graciela tenían un comportamiento violento con gran parte del barrio. Fue durante la adolescencia que Fasanella cayó en la adicción a las drogas.

A los 20 años tuvo a su primera hija con un hombre que al poco tiempo perdería la vida en un accidente de moto. Tres años después nació su segundo hijo. El padre era un violento que golpeaba a Giselle de manera constante. Ella radicó al menos dos denuncias en su contra y, de acuerdo a los residentes del barrio, ese hombre hoy está en prisión.

Giselle hizo changas a lo largo de los años para mantenerse. Durante unos años repartía folletos de partidos políticos por las calles del partido de San Martín. También dijo trabajar en una parrilla de otro barrio. En los últimos meses, le había comentado con felicidad a una vecina que había conseguido trabajo en un call center para realizar encuestas de cara a las últimas elecciones. Sus registros no muestran ningún empleo en blanco.

Giselle comenzó su relación amorosa con Brian en enero y, desde sus inicios, los vecinos lo catalogaron como un vínculo tóxico. Algunos residentes de la finca tuvieron que llamar a los efectivos de la Comisaría 3ª de Villa Lynch (ubicada apenas a 100 metros de la casa) para alertar a la Policía de que el hombre la estaba golpeando dentro del domicilio.

Uno de los factores más llamativos para los vecinos fue que Brian se paseaba con una pulsera judicial por la calle y no tenía problemas en comentar el motivo de su uso: una restricción perimetral con dos ex parejas que lo habían denunciado por violencia de género.

La debacle completa de Giselle se terminó de producir cuando en abril, Graciela, su propia madre, pidió al Estado que le quitaran a su hija la tenencia de sus nietos. Consideraba que la joven, que se ausentaba en la casa durante horas, no estaba en condiciones de hacerse cargo de la crianza de los niños.

El Estado le quitó la tenencia a Giselle en abril y destinó a los pequeños de 7 y de 4 años a un hogar de acogida. Durante la tarde en que la separaron de los pequeños, Giselle lloraba a los gritos desconsoladamente.

A los pocos días de esos hechos, Giselle se fue a vivir con Brian al barrio Sarmiento.

Ella volvía en algunas ocasiones a la casa de Villa Lynch. Ya no tenía relación con su hermano Gabriel, quien tiene un kiosco ubicado a 60 metros de la casa y que no se hablaba con su hermana ni con su madre desde hacía al menos tres años, ni con otro hermano, que según vecinos trabaja en un club de la zona.

Giselle visitó en algunas ocasiones a vecinas históricas del barrio, que tenían la edad de su madre. La joven les llevaba comida y facturas a sus vecinas, las intentaba ayudar con el mantenimiento de sus casas, las ayudaba a pintar las paredes. Y repetía una y otra vez que extrañaba a sus hijos, a quienes nunca volvió a ver desde que se los quitaron.

La mayoría de los vecinos la recuerda como una chica que trató de sobrevivir y llevar una vida lo mejor que pudo. “Su vida estuvo muy marcada por hechos violentos. Le pegaron durante toda su vida y ella terminó en las drogas como una manera de escape. No pudo salir de la vida terrible que tuvo”, afirmó una vecina que pidió que su identidad sea reservada.

Así, Brian se convertía en un sospechoso automático. Sin embargo, la fiscal Costa no tenía confirmado que el hombre acusado de violencia haya sido quien entró con Giselle al albergue R8. El testimonio de los empleados será clave para despejar esta duda.

Finalmente, la fiscal Costa no necesitó de ningún testimonio para identificar al sospechoso: es Brian. Fuentes de la investigación aseguraron poco después del mediodía a Infobae que el rastro de la pulsera judicial que llevaba lo ubicó en el hotel al momento del femicidio de Giselle.

Si sufriste violencia de género, contactá a la línea 144 de atención a mujeres en situación de violencia.

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