Iñaki, el gamer que engañó a sus amigos y se esfumó con 5 millones de pesos

No descuidó al gato. Antes de irse a causa de “un viaje urgente”, Iñaki Pandolfo le pidió a un amigo que no dejara de pasar por su departamento para alimentar a la mascota, y en eso estaba el muchacho cuando otro joven irrumpió: venía con la intención de llevarse “lo que fuera” para recuperar el dinero que le había entregado al dueño de casa, con quien había perdido todo contacto. El clima se puso tan epeso que terminaron a las piñas.

La pelea terminó cuando la portera del edificio de Mitre al 1900, en el centro de Mar del Plata, hizo subir a la Policía al departamento 5° “C”, y ambos muchachos fueron detenidos. Finalmente, los dos se enteraron que estaban del mismo lado del mostrador, así como otro grupo de personas: habían sido estafados. 

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Pandolfo, de 34 años, se dedicaba a comprar y vender electrónica, consolas de juego, que también reparaba, y entre otros productos, teléfonos de alta gama. Había logrado hacerse una buena reputación en el mundo de los gamer y eso le permitió ganarse la confianza de muchos de ellos. Tomaba mercadería en carácter de consignatario y, como él mismo se jactaba, con ella hacía “revoleos”. 

En el último tiempo, se dedicó a pedir dinero, algo que “hacía con desenfado”, prometía invertir en criptomonedas y devolver con ganancias de hasta un 25%. Hubo quienes confiaron en su promesa: le depositaron plata en su cuenta y a las de otros a quienes le pedía usar y recibió equipos valuados hasta en 150 mil pesos, según fuentes del caso. También pedía para concretar una inversión en un hotel, porque él “tenía toda la guita invertida”.

El episodio del departamento ocurrió durante la noche del martes pasado. Esa misma mañana, la portera del edificio lo había visto irse en un taxi. Ya no volvió a aparecer. Antes, dio de baja todas sus redes sociales y cortó contacto con quienes le reclamaban su dinero. Las denuncias en sede penal impulsan una investigación en su contra por una estafa de al menos 5 millones de pesos.

Juan Manuel Rivero Clauso, abogado de algunas de las víctimas, contó a Clarín que Pandolfo vivió en Málaga, España, por lo menos diez años, y hace una década regresó a Mar del Plata. Apenas lo hizo, se dedicó a la venta de consolas. “En esos días, invadió la ciudad de Play Station 4; nunca estuvo claro quién era su proveedor”, dijo. En la AFIP se había dado de alta en marzo de este año.

“Durante mucho tiempo se dedicó a la venta de videojuegos y otros artículos electrónicos y con el tiempo se hizo conocido en grupos de Facebook. A partir de ello, propuso a algunas personas invertir en criptomonedas, aunque nunca hubo constancia de ello”, explicó el abogado, quien relacionó el modo en que actuó Pandolfo con el mismo que aplicó el pseudo gurú de las finanzas que se presentaba como periodista especializado en mercados, Daniel Viglione.

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Las denuncias contra Pandolfo, una decena hasta el momento, fueron radicadas en la UFI de Delitos Económicos a cargo del fiscal Javier Pizzo, y se conocen justo en medio del juicio que se lleva adelante contra Viglione, en el banquillo de los acusados en estas horas por estafar a 87 inversores por alrededor de 4 millones de dólares. 

“Llevó adelante el clásico esquema de pagar interés con capital, que tarde o temprano cae, porque el círculo no cierra. Como en un dominó, una ficha termina arrastrando a las demás”, dijo Rivero Clauso a este diario. Explicó que hay constancias de depósitos de hasta 10 mil dólares, suficiente prueba para demostrar la maniobra y audios que lo ponen en evidencia. 

“Cagó a todos sus amigos”, contó Emiliano Mendiolar, un damnificado, y él era uno de ellos: “Nos conocimos cuando trabajábamos en un supermercado, hasta que él empezó a meterse en el mundo de la electrónica, en donde siempre fue el número uno”, contó. Fue uno de los primeros en notar la ausencia de Pandolfo, a quien le había entregado una consola, un Iphone y un CPU para que vendiera. 

Mendiolar cree que Pandolfo “ya ni siquiera debe estar en el país” y entiende ahora que la forma de vida que llevaba su amigo era parte de la maniobra. “Viajaba, se mostraba en algún spa, en eventos, gastaba mucho dinero, llevaba una vida ostentosa y eso hacia que nade sospechara de sus intenciones. Nadie lo vio venir”.

GL

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