“Corte de boleta” versus “efecto arrastre”, la pelea que se viene en el conurbano

Tras el fracaso de todas las ideas de laboratorio que pusieron sobre la mesa -suspender las PASO, desdoblar la elección bonaerense de la nacional, habilitar las listas colectoras- los intendentes del oficialismo de la Provincia, sobre todo los del conurbano, se encaminan a recurrir a uno de los instrumentos más rancios de la llamada vieja política: el clásico corte de boleta.

“Si es necesario lo firmo ante escribano público: los intendentes de Cambiemos van a impulsar el corte de boleta. El que no lo haga, pierde”, anticipa un poderoso intendente peronista del sur del conurbano.

Funcionarios de la propia administración de María Eugenia Vidal admiten que en el oficialismo vislumbran que sus intendentes jugarán al corte de boleta para salvar sus territorios de una derrota.

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La jugada asoma obvia. Los intendentes distribuirían en sus distritos su propia boleta, la de sus concejales y la de la gobernadora Vidal. El tope de la boleta, la del candidato a presidente, quedaría vacante: que el elector elija a quien quiera. 

En el conurbano más profundo, donde Cristina Kirchner mide alto, llevar a Mauricio Macri en la lista asoma como un ancla que podría conspirar contra las aspiraciones de los intendentes.

De los 135 municipios de la Provincia, Cambiemos hoy administra 69, el peronismo 47 y aliados de Sergio Massa, 9. El resto está en manos de fuerzas vecinales.

Cambiemos pone en juego algunas de sus “joyas” del conurbano: Lanús, Morón, Quilmes, Tres de Febrero, Pilar, General Rodríguez. 

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Con una buena estrategia electoral, y a caballo de las gestiones que hicieron, en La Plata pero también en el PJ observan que el macrista Néstor Grindetti lograría retener Lanús; Ramiro Tagliaferro, Morón, y Diego Valenzuela, Tres de Febrero. A Martiniano Molina y a Nicolás Ducote, en cambio, les costaría conservar Quilmes y Pilar, respectivamente. Darío Kubar la tendría muy difícil en General Rodríguez.

A Gustavo Posse en San Isidro y a Jorge Macri en Vicente López, en cambio, les asoman despejados los caminos para lograr la reelección.

En el PJ bonaerense apuestan a que de la mano de la “competitiva boleta” de los Fernández en la Provincia podrán recuperar varios municipios hoy en poder de Cambiemos. “Les vamos a sacar unos 30”, calculan en la conducción del peronismo bonaerense.

En algunas localidades el pejota aún debe definir quién será su candidato

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Tras la inesperada caída del peronismo en Tres de Febrero, en el balotaje de 2015, Daniel Scioli se quedó sin una buena fiscalización en ese partido bonaerense, algo siempre clave pero más aún cuando una elección se resuelve por escasos dos puntos y pico de diferencia.

El municipio había sido ganado en octubre por el macrista Diego Valenzuela y el saliente dirigente de la UOM Hugo Curto había perdido cualquier motivación en la elección.

Contra lo que podría suponerse, a esa historia no la cuentan en el pejota sino cerca de María Eugenia Vidal. La repiten como un aleccionamiento.

El relato apunta a dejar en claro que en las elecciones de octubre, Cambiemos no solo pone en juego en octubre la gobernación y los 69 municipios bonaerenses que administra, sino también en noviembre la suerte de Mauricio Macri en una eventual segunda vuelta. Con la tropa desmoralizada, un balotaje puede hacerse cuesta arriba.

Suena a justificación, pero ahí entienden en la administración vidalista residiría uno de los costados positivos de retener el control de los municipios. Y para lograrlo los intendentes de Cambiemos podrían recurrir a la receta del sálvese quien pueda, según admiten en la gobernación bonaerense y también en la Casa Rosada.

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